Celeste Cid: belleza y felicidad

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–¿Cómo podría definir su rol en Artax, la película que protagoniza con Gonzalo Valenzuela? Es una especie de tragedia lo que sucede en la película. Mi personaje es una chica que viene de una familia bastante disfuncional, con padre alcohólico y maltratador, que, en un momento, se enamora de un muchacho que trabaja en la finca de esta familia, él se la lleva lejos: pasan de Mendoza a Chile. En Chile ella se entera de que él pertenece a una familia de mucho dinero. Están juntos y muy bien, pero él muere y ella “hereda” un montón de deudas de la familia de él. Podría decirse que la película habla un poco de una mujer que dos veces sale de una familia complicada y logra ser feliz, pero esa felicidad se ve signada por la tragedia, ella tiene que volver a pelear y empezar de cero. Al mismo tiempo, tiene un hijo con Asperguer (le pasa de todo) y, aun así, encuentra la fuerza suficiente para querer salir adelante. Algo que la ayuda mucho y es muy lindo en la película es que ella, a través de los caballos, empieza a encontrar un nexo entre la dolencia de su hijo y la equinoterapia. Es un personaje con mucho empuje, yo lo interpreto cuando es joven y Mercedes Morán cuando es más grande.
–¿Cómo trabajó el personaje (muy diferente a lo que usted es)?
Sí, es verdad que no tenemos mucho que ver, pero sí creo que hay algo a lo que tal vez haya recurrido para construirlo y que tiene que ver con que conozco esas zonas de dolor o de no sentirte bien con tu vida y tener que remarla. Quizás no todas la experiencias de la película hayan sido vividas literalmente por mí, pero conozco algunas sensaciones que pueden ser similares, y resuenan en algún lado y repercute en mi persona. También lo que me viene pasando con respecto al trabajo de actriz es que todo lo que sucede en una película o en una obra de teatro o lo que fuere, termina siendo una experiencia que resuena en lo personal. Para ser más clara: a veces ocurre que hay una escena que no puedo terminar de resolver, hay un intento tras otro y no se resuelve, y siempre termino dándome cuenta de que esa dificultad es porque hay algo en mi vida que tiene un sentido emparentado al de esa escena y no está resuelto y yo lo traslado ahí. Entonces, actuar me obliga a estar todo el tiempo en conexión como mi propia verdad, aunque sea una palabra un poco grandilocuente. Nacha Guevara lo dijo una vez en una master class que hizo en España y fue esclarecedor: cuando algo no sale en el escenario, hay que resolverlo internamente.
–Cuando se siente frustrada por algo en lo personal, ¿cómo suele sobrellevarlo?
Se lo pregunto porque da la sensación de ser una mujer sensible… Hace poco, justamente, hablaba con un amigo de esto y le decía: “No me vengo sintiendo frustrada por nada”. Es como que finalmente aprendí que las cosas que pasan tienen que servirte, o te peleás con eso que pasa todo el tiempo o entendés que está ahí por algo y tenés que dejar de pelear inútilmente. Me considero una persona bastante feliz y lo asocio con la edad, los años te van ofreciendo nuevas alternativas que antes no tenía en cuenta. Y en cuanto al sufrimiento propio de la juventud, tiene algo de aprendizaje, es como que hay que atravesarlo o conocerlo.
–A grandes rasgos, ¿cómo percibe hoy a la chica que fue?
Y… revoltosa y, al mismo tiempo, responsable. Hace veinte años que trabajo, así que no puedo hablar de una típica juventud porque todos los procesos clásicos de la adolescencia me sucedieron laburando, y a veces me pesaba la exposición, aunque siempre comprendí que era parte de mi trabajo.
–¿Cuándo se acostumbró a ese nivel de exposición que supone ser actriz de cine y tele?
En un punto me sigue pareciendo raro. Nunca terminé de normalizar el hecho de ir a algún lugar y que te sigan unas cuantas personas sacándote fotos.
–Hábleme de su relación con su socia en la marca de ropa Cid-Kohan y amiga en la vida privada (además de colega en lo profesional)
Paula Kohan… Somos dos personas que nos encontramos y dijimos algo así como “que no se corte” y, efectivamente, no se cortó. En muchas cosas somos muy distintas y en otras no, pero siempre nos escuchamos. Y en las diferencias que tenemos se abren nuevas posibilidades. Ella es puro impulso y a mí me copa eso porque yo en el trabajo no soy tan impulsiva, disfruto más del laboratorio de las cosas que de los resultados, a veces. Ella es más de querer resolver veinte mil cosas que a mí me llevaría una semana resolver mientras que a ella le lleva unos minutos. Y a veces sucede que sin darnos cuenta yo estoy haciendo veinte mil cosas y ella está más reflexiva. Es como que asumimos roles en los cuales siempre una está cubriendo a la otra. Ensamblamos muy bien.
–¿Puntos de encuentro entre el hecho de tener una casa de ropa y actuar?
No los tengo calculados, pero no dudo de que existan. Hace doce años, cuando hice una entrevista anterior con Quid, también estaba embarazada y había publicado un libro, algo que en apariencia no tiene que ver con ser actriz, pero que era fruto de una necesidad de hacer algo y ponerlo en algún lugar. Ahora, nuevamente estoy embarazada, y hago de nuevo una entrevista con Quid y también, otra vez, estoy en proyecto no actoral como el de una marca de ropa. Y, como aquella vez, lo percibo no como un capricho, sino como un deseo que llevo a la realidad, y aunque no sea dentro del mundo de la actuación, también me representa e identifica. Woody Allen dice que el vestuario en un personaje es el cincuenta por ciento. Yo coincido y creo que ahí puede haber un punto de encuentro entre las dos cosas.
–Hace un rato hablábamos de haber pasado mucho más de la mitad de su vida trabajando, ¿nunca se da el lujo de vaguear un poco?
No, me cuesta un poco, siempre tengo que estar haciendo algo. Soy muy fiel al trabajo, voy aunque me esté sintiendo mal, el trabajo me ha dado mucho y me gusta lo que hago, así que difícilmente lo eluda. Soy muy capricorniana, Capricornio es laborioso. En cuanto a vaguear, creo que depende cómo tomemos la palabra, por ahí para mi vaguear es ir a la Asociación Amigos del Bella Artes y estudiar literatura, aunque tampoco es que no afloje un segundo, como todo el mundo a veces boludeo en Internet o esas cosas, pero en general prefiero estar haciendo cosas útiles o que me enriquezcan en algún aspecto. De todas maneras el trabajo no es algo que me consuma la vida, pero que tiene que estar, tiene que estar. No me molesta trabajar fines de semana o saltearme vacaciones.
–¿Artistas que le hayan resultado inspiradores?
Yoko Ono a la cabeza, fuerte. La vengo siguiendo desde que soy muy chica, podría decirte que soy una de las pioneras en admirarla acá. No es una tendencia a la que me subí al último momento (risas). Cuando tenía 15 años encontré algo que no recuerdo qué era y se lo mencioné a un amigo que me dijo: “Tengo algo que te va a gustar mucho”. Era un librito de Yoko comprado en una mesa de saldos que decía “2 pesos” en lápiz en la primera hoja y aún lo conservo. La literatura de ella es lo que más me gusta, la música también pero mucho menos. Lo que más me atrapa es lo que escribe. También amo a Marguerite Duras y a Clarice Lispector y de acá a Alejandra Pizarnik, que es una poeta a la que leí de chica no sin correr ciertos riegos como el de mimetizarse con algunas de sus obras que sabemos que tienen muchos lugares oscuros, yo la leía desde mis 15 o 16 años y me fascinaba con sus imágenes bellas llevadas a lugares siniestros. Con los años le fui encontrando otras cosas. Después Antonio Berni es un moderno genial que me gusta desde hace mucho. En el mundo del cine a Bergman lo tengo entre los favoritos sin duda, es el primer director que me conmovió. Persona es una película inigualable, para verla muchas veces, me impresiona como toca el tema del “otro” con esas actrices tan maravillosas. Tarkovsky, es otro gran director me gusta muchísimo. También tengo películas que siempre vuelvo a ver como Las alas del deseo, que para mí tiene uno de los textos más lindos del cine de todos los tiempos.
–¿Con el teatro qué relación tiene?
Me cuesta hacerlo y me cuesta verlo. Tiene un tiempo muy propio. Hice una sola vez porque me funciona más como actriz el tipo de exposición que propone la televisión y el cine. El teatro tiene cierta crudeza que no me interesa tanto. Y como espectadora soy de terror, me aburro, empiezo a observar cosas que no tienen nada que ver con el texto. Un desastre (risas).
–¿La afición por la literatura llegó paralelamente al trabajo, es decir de chica?
Creo que antes. La primera vez que pude leer un libro sola fue Hansel y Gretel siendo muy chica y sentí el placer de la lectura y es el mismo que sigo sintiendo ahora.
–¿De Lispector podría elegir una obra en particular?
Quizás Aguaviva. Es un libro increíble, medio inclasificable, que tiene bastante en común con Escribir de Duras. Leyendo Aguaviva me di cuenta de que entre ellas dos y Pizarnik hay algo en común, creo que son mujeres con las mismas obsesiones.
–Hablando de obsesiones, ¿hace terapia?
Hace poco mi psicólogo me dio de alta. Parece poco común pero es así.
–No suele ocurrir, tiene que sentirse orgullosa, como mínimo… ¿Te parece?
Bueno, lo voy a intentar (risas)