fbpx

Andrés Oppenheimer: La era de las máquinas

En un geriátrico de Tokio, una anciana octogenaria acaricia a su mascota robot. En un laboratorio de Tel Aviv, los científicos trabajan sin descanso en un minirrobot, del tamaño de un grano de arroz, que recorrerá el cuerpo humano limpiando las arterias. Una mujer en Arizona muere arrollada por un auto sin conductor. No son escenas sacadas de la serie Black Mirror. Son experiencias actuales contadas con lujo de detalle en ¡Sálvese quien pueda! El futuro del trabajo en la era de la automatización, último libro del periodista argentino Andrés Oppenheimer (Buenos Aires, 1951). Ganador del Pulitzer y conductor desde hace años de un programa de televisión de la CNN, viajó a distintas partes del mundo para preguntarles a futurólogos y gurúes tecnológicos por el porvenir de los empleos humanos con el avance de la robotización.
–¿Cómo surgió este libro?
Empecé a investigar acerca de este tema en el 2013. Ese año salió el estudio de dos investigadores de Oxford, Carl Frey y Michael Osborne, cuya conclusión era que el 47% de los empleos corren el riesgo de desaparecer en los próximos quince años. En ese entonces, miré a mi alrededor y me dije: Esto ya está ocurriendo. Yo grababa mi programa de televisión con cinco cámaras, es decir, cinco camarógrafos. En poco tiempo desaparecieron, porque se empezó a filmar con cámaras robóticas. También lo vi en otros aspectos de mi vida, como el reemplazo de quienes hacían transcripciones o traducciones de mis notas gráficas. De modo que fui a Oxford a entrevistar a los dos expertos y así comenzó a gestarse el libro.
–Una entrevista muy interesante es la de Moses Shoham, quien actualmente trabaja en el minirrobot para limpiar arterias. Y ya existe Watson, el motor inteligente de IBM, que diagnostica pacientes. ¿Cuánto vamos a poder confiar en los médicos robots?
Yo confiaría mucho más en un médico robot que en un humano. Por más bueno que sea un médico, diagnostica en base a su experiencia. Supongamos que es un médico de 50 o 60 años. Y supongamos también que, en su carrera, atendió a 5000 o 6000 pacientes, a quienes recomendó un medicamento determinado. Entonces, usará su intuición para los próximos casos y recomendará el mismo medicamento para similares patologías. Pero el robot no tiene una experiencia limitada a 5000 o 6000 personas, sino a 200 millones. Todos los datos de esa cantidad de gente están en la nube. Con el acceso a esta información, la supercomputadora puede calcular, en milésimas de segundo, a cuántos de esos 200 millones, que tienen las exactas características del paciente, les hizo bien determinado medicamento. Inmediatamente puede diagnosticar qué remedio es el más adecuado de acuerdo a tu sangre, a tu ritmo cardíaco, etc. No se van a acabar los médicos, pero el rol del médico va a cambiar radicalmente.
–¿Su profesión está amenazada por el Heliograf, elnrobot que escribe artículos para el Washington Post de Jeff Bezos?
Por supuesto. Es una de las más amenazadas.
–Pero los lectores de analistas políticos, de columnas de opinión, ¿no buscan una firma confiable?
Claro. Pero, ¿cuántos periodistas de un diario escriben opinión? Muy pocos. La mayoría escribe artículos que nos enseñaron en la escuela de periodismo. El famoso Qué, Quién, Dónde, Cómo, Cuándo. Todo eso lo puede escribir un algoritmo. En Estados Unidos, las contiendas electorales para diputados y senadores van a ser escritas por un algoritmo. Todo lo que sean noticias basadas en datos, sin subjetividad ni opinión o análisis, van a estar redactadas por una computadora.
–¿Cómo ve a los millennials en este proceso de automatizaciónde los empleos?
Todas las nuevas profesiones que están naciendo, y que yo describo en el libro, son grandes oportunidades para los youtubers o los millennials. Desde conducir tu programa periodístico en YouTube a ser escritor o diseñador de contenidos para un restaurante o una peluquería. Hacia estas profesiones irá el comercio y la industria. En ellas podrán reinventarse los millennials, mientras que los empleos más tradicionales serán reemplazados.
–¿Qué va a pasar con los docentes?
La educación del futuro va a dejar de ser informativa. No tiene sentido que un profesor enseñe a los chicos quién descubrió América o quién inventó la imprenta. Porque el chico se siente mucho más cómodo, y aprende más, buscándolo en Google, que sentado en su banco escuchándolo en boca de su profesor o profesora. El rol de profesor como impartidor de conocimientos va a desaparecer. Su función será totalmente diferente. Estará orientada a incentivar la curiosidad de los chicos, ayudarles a encontrar su pasión, enseñarles valores éticos e inculcarles un sentido de propósito en la vida. Todo esto no tiene nada que ver con lo que los maestros hacen hoy en día.
–En Arizona, una mujer murió atropellada por el Tesla, el auto inteligente desarrollado por Elon Musk. Había cruzado la calle fuera de la senda peatonal y la máquina no pudo con la imprevisibilidad humana…
Sí. Pero ese accidente no va a cambiar nada. Es como en el comienzo de la aviación. Hubo aviones que se estrellaron, vidas que se perdieron, pero eso no detuvo el avance de la aviación comercial. Al contrario. Y los autos autónomos se reprodujeron muchísimo antes de lo esperado. Van a estar en la calle en dos años.
–En Tokio, usted fue a un geriátrico en el que había mascotas robots de compañía para ancianos, y en un hotel fue recibido por un conserje robótico con forma de dinosaurio. ¿Qué puede contarme de estas experiencias?
Bueno, Japón es uno de los países más robotizados, porque falta una clase trabajadora y hay cada vez menos gente joven. Las fábricas se están robotizando a un ritmo acelerado. El hotel que referís está ubicado en las afueras de Tokio, cerca de Disney World, por eso el dinosaurio. En otros hoteles ya hay conserjes robots con forma humana.
–Peter Diamandis es uno de los tecno-optimistas más citados en su trabajo. Como un personaje de ficción, atraviesa en estas páginas un arco dramático completo: al comienzo del libro dice que la tecnología va a facilitarnos la vida y, sobre el final, se lo nota un poco aterrado por las consecuencias en el corto plazo del avance de la automatización.
Cuando empecé la investigación, en 2013, el consenso entre los futurólogos era que la tecnología siempre ha creado más trabajos de los que ha eliminado. Esto es así desde la Revolución Industrial. Cuando aparecieron los telares mecánicos, los trabajadores textiles de las máquinas manuales empezaron a quemar los nuevos telares por miedo a quedarse sin trabajo. ¿Y qué pasó? Pasó lo contrario. La ropa fue mucho más barata y el abaratamiento de la ropa le permitió a la gente tener más dinero para comida y esparcimiento. La industria textil creció de manera exponencial, generando más puestos de trabajo. Cuando se inventaron los primeros autos, los conductores de las carretas empezaron a quemar autos por temor a perder sus trabajos. Ocurrió exactamente lo contrario. La industria automotriz creció tanto que fue necesario personal para los talleres mecánicos, para las fábricas y para construir rutas y puentes. Conclusión: gracias a esto hubo más puestos de trabajo que en la época de las carretas. Sin embargo, es cierto lo que señalás. Los futurólogos que entrevisté al principio del libro, con el correr del tiempo cambiaron de opinión. Cuando los entrevisté años después, me dijeron: “Sabés qué, ya no estoy tan seguro”. Porque los tiempos se están acelerando. Y no vamos a alcanzar a generar puestos para todos los empleos que están amenazados. Pero el libro no es un tratado apocalíptico contra la automatización. Por el contrario, la segunda parte mira hacia adelante. Allí propongo que todos debemos reinventarnos y hablo de cuáles van a ser las profesiones del futuro. Es una cuestión de prepararse, a nivel individual y a nivel nacional.
–Estoy de acuerdo con que el libro no tiene una mirada apocalíptica. Apuesta a que, con la automatización, la economía va a crecer y gracias a este crecimiento los países podrán pensar en destinar un ingreso universal a aquellos que estén fuera del sistema. ¿Lo ve así?
Hay dos maneras de lidiar con el desempleo tecnológico que se viene. Una es poner un impuesto a los robots, como propone Bill Gates. La otra, crear un ingreso básico universal. Yo estoy por una intermedia. Disponer un ingreso universal condicionado al trabajo social. Por ejemplo, la persona que reciba el ingreso deberá ayudar a cuidar un anciano. Porque en el futuro, así como ahora tenemos paseadores de perros, habrá paseadores de ancianos. Por qué no. ¿Dónde está escrito que en un asilo tenga que haber una persona cada veinte ancianos? ¿Por qué no puede haber una persona para cada anciano? ¿Y dónde está escrito que una escuela deba tener un maestro cada cuarenta alumnos? ¿No sería mejor un maestro por alumno? La sociedad va a cambiar mucho en los próximos años. Estas son solo algunas de las cosas que vamos a ver muy pronto.