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Elvira Sastre

Desde que la poeta y traductora literaria Elvira Sastre (Segovia, 1992) puso un pie en Buenos Aires no ha parado de llover. Algo así como una banda sonora melancólica la acompañó durante sus cinco presentaciones en el marco de su primera visita a la Argentina. Elvira, a sus 26 años, logra llenar teatros recitando sus poemas ante miles de jóvenes que la siguen con fervor y hacen filas de varias horas para conseguir una firma suya. Así como J. K. Rowling, autora de Harry Potter, acercó a varias generaciones a la lectura cuando todo parecía estar perdido, Elvira logró cautivar a miles de lectores con la poesía, un género un tanto olvidado o desplazado. A los 21 años publicó su primer libro: Cuarenta y tres maneras de soltarse el pelo (Lapsus Calami, 2014). Más tarde llegaron Baluarte (Valparaíso Ediciones, 2014) y Ya nadie baila (Valparaíso Ediciones, 2015), La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida (Visor, 2016), y su último libro, Aquella orilla nuestra (Alfaguara, 2018). Con más de 180.000 seguidores en Instagram y otro tanto en Twitter, Elvira Sastre nos demuestra que la poesía, las redes sociales y los libros pueden convivir a la perfección.
–Usted es traductora, ¿existe realmente la traducción en poesía?
Cuando me matriculé en el máster de traducción literaria lo primero que nos dijeron fue: “la poesía nonse puede traducir”. Meses después entregué mi trabajo denfin de máster: la traducción del poemario Los hijos de BobnDylan, de Gordon E. McNeer. Basta que me digan quenalgo es imposible para que yo quiera demostrar lo contrario.nPor supuesto que creo que existe la traducción en la poesía.nDe negarlo, estaríamos negando a todos los poetas anglosajones,nfrancófonos y un largo etcétera. Y no creo que nadie anestas alturas vaya a negar la obra de Shakespeare, Wilde,nDickinson, Bishop, Angelou… Yo he traducido variosnlibros de poesía, y aunque reconozco que es un caminonarduo, complicado, a veces imposible, existe y está ahí. Solonhay que aprender a seguir la lucecita que se prende.
– “Si leo un libro y hace que mi cuerpo entero se sienta tan frío que no hay fuego que lo pueda calentar, sé que eso es poesía. Si físicamente siento como si me levantasen la tapa de los sesos, sé que eso es poesía. Esta es la única manera que tengo de saberlo. ¿Hay alguna otra?”, se preguntó Emily Dickinson. ¿Hay alguna otra, Elvira Sastre?
Coincido totalmente con la autora, sin duda. Un libro de poesía es ese que te responde preguntas que ni siquiera te habías formulado. Nadie sale indemne de un buen poema al leerlo, es imposible. Los versos nos van cambiando, añadiendo cosas, borrando otras.
–¿Alguna vez se sintió decepcionada al conocer personalmente a un poeta que admiraba?
Siempre he defendido que lo que importa realmente de un artista es su obra,ny nunca él. El autor es un añadido, pero lo que realmententiene vida, se lee, se guarda y se queda para siempre es elnpoema, el libro. Además, uno corre el riesgo de conocernpersonalidades detestables que dan a luz obras maravillosas.nEn ese caso, procuro no conocer a la gente que admiro sinexiste la más mínima posibilidad de que pueda oscurecer suntrabajo. Es injusto, pero me ha pasado más de una vez, aunquentambién me ha ocurrido lo contrario y ha sido maravilloso.nEn esta época de exposición vía redes sociales, parecenque la gente ha desarrollado una necesidad de ir más allánde la obra de alguien. Quieren saber más, lo que desayuna,nlo que ve por la televisión, de qué modo duerme, con quiénnse despierta. Creo que eso es puro morbo, curiosidad. Sinuno sabe hacerlo de tal modo que eso no influya en el gustonpor su trabajo, adelante. Yo no sé separarlo, me cuesta, asínque por eso procuro no conocer a quien creo que me pueden decepcionar personalmente.
–Algunos poetas escriben con “los restos” de la emoción, una vez pasado el momento en cuestión. Otros sostienen lo contrario: escriben en los momentos más aterradores y más trágicos de su vida, o en los de mayor dolor.
¿Cuándo escribe Elvira Sastre? La verdad es que no sigo una teoría definida ni me atengo a unas reglas. Solo sigo mis impulsos. Si son cosas dolorosas, al punto de temblar de solo pensarlo, dejo que pase hasta que tenga la fuerza suficiente como para enfrentarme a esa verdad.
–“Lo siento, la poesía femenina en España no está a la altura de la masculina”. La declaración de Jesús García Sánchez, conocido como Chus Visor, generó un enorme revuelo en los medios españoles y en las redes sociales, ya que es considerado uno de los más prestigiosos editores de poesía. ¿Fue un exabrupto, o nos perdimos versos maravillosos de varias generaciones que no fueron publicados solo por haber sido escritos por mujeres?
Fue una frase sacada totalmente de contexto. Le jugaron una mala pasada y se lo han querido cargar públicamente, pero Chus tiene algo maravilloso que es ser puro y auténtico, y quien lo conoce sabe que su pensamiento no es para nada machista. No hay más que ver su catálogo, donde firman numerosas mujeres de todas las épocas, desde los comienzos. Sin ir más lejos, me ha dado a mí la oportunidad de publicar en su editorial, y recibo un trato totalmente igualitario. Me siento muy, muy apoyada por él. Ahora bien, está claro que las mujeres han sido invisibilizadas a lo largo de la historia. Las artistas han sido convertidas en musas, las mujeres de autores han sido eso, mujeres de, y Anónimo siempre ha sido una mujer con ganas de ser respetada, y nunca han sido creídas ni valoradas, pero no solo por las editoriales, sino por la sociedad. Es muy fácil echar la culpa a los demás… Pero el problema está dentro de cada uno. Afortunadamente, eso está cambiando y cada vez hay más mujeres en puestos importantes, están siendo reconocidas y premiadas. Ansío el día en que esto no sea algo destacable.
–Hay un poema de José Emilio Pacheco que se llama “Contra los recitales”, en el que dice que cuando lee sus poemas en público les quita el verdadero sentido que tiene la poesía, que es hacer que sus palabras sean la voz del otro. ¿Podrías improvisar un verso ahora mismo y refutar esta idea?
La poesía es una puerta abierta
/ por la que uno sale y entra / de manera distinta, como el /
que entra en una casa que no conoce. / A veces uno necesita
silencio / para encontrar la salida / y otras, no tantas, precisa
de una voz / que le indique / en palabras de otros /
cuál es la dirección correcta.
–La gente hace fila en busca de entradas para escucharla recitar poemas, las entradas se agotan y, en algunos casos, se agregan nuevas fechas. ¿Cree que es un fenómeno relacionado a las redes sociales, o que sus lectores, a partir de sus poemas, se acercan a otros autores abriendo aún más el abanico y generando así nuevos futuros lectores de poesía?
Yo creo que es una mezcla de todo. La verdadera revolución de la poesía que estamos viviendo, al menos en España, responde a un cambio en el canal de difusión. Los poetas no hemos inventado nada, lo que verdaderamente ha cambiado es la manera de transmitir nuestro trabajo. De repente le ha llegado poesía a gente que desconocía que le gustaba. Ha dejado de ser algo extraño para convertirse en algo que reúne a cientos y miles de personas en un lugar y que, con su silencio, escuchan lo que un poeta tiene que decir. Me parece algo maravilloso. Yo siempre animo a los lectores que me leen a que no se estanquen en mi poesía, sino que sigan leyendo, descubriendo, comprando los libros de los poetas que yo leo, de los poetas que leen los que yo leo… Y así establecer una cadena maravillosa donde todos ganamos.
–¿Me nombraría tres poetas de sus favoritos, y algún verso de esos, como decíamos más arriba, que le hayan levantado la tapa de los sesos?
Benjamín Prado: “Yo solo puedo estar contigo / o contra mí”.
Luis García Montero:“No existe libertad que no conozca,
ni humillación o miedo / a los que no me haya doblegado.
Por eso sé de amor, / por eso no medito el cuerpo que te doy,
por eso cuido tanto las cosas que te digo”.
Idea Vilariño: “Ya no estás / en un día futuro
no sabré dónde vives / con quién / ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca / como esa noche / nunca.
No volveré a tocarte. / No te veré morir”.