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Juana Viale

Es una artista con determinación para ir detrás de su vocación, más allá de los prejuicios que sufren todos aquellos que eligen la vida pública y tienen antecesores ilustres. Su primer paso, anunciado con bombos y platillos, fue en  Costumbres argentinas, la ficción ambientada en los años 80 producida por Marcelo Tinelli y Sebastián Ortega en 2003. Allí dio vida a Carolina Martínez de Oca, una joven rebelde y apasionada que se interponía entre Gabriel Rosetti (Tomás Fonzi) y Mariana Pagliaro (Daniela Herrero), cuya historia de amor superaba todo, incluso el hecho de que sus familias estuvieran distanciadas. Luego llegaron otras ficciones (Sangre fría, en Telefe; Doble vida, en América; y Mujeres Asesinas, en El Trece) pero el siguiente gran salto fue en la pantalla grande, cuando fue parte de la versión cinematográfica del libro Las viudas de los jueves, de Claudia Piñeiro.

Sin embargo, el tiempo le tenía reservado uno de esos personajes que acompaña a un actor con la fidelidad de la sombra. Es que en 2010 se convirtió en la protagonista de Malparida (El Trece), donde se contaban las luces y sombras de Renata, una mezcla de heroína y villana que irrumpe en la vida de Lorenzo Uribe (Raúl Taibo) para vengar la muerte de su madre y termina enamorándose del hijo (Gonzalo Heredia).

Si de más joven Viale soñó con ser bióloga marina, el camino de la actuación la apasionó. El teatro, el cine, la televisión y las nuevas plataformas digitales son las aguas en donde se mueve ahora.

–¿Cómo y por qué elige a sus personajes?

Elijo mis personajes porque me atrapan. O cuando tienen algo qué contar, algunas de esas cosas que no son tan explícitas. También elijo personajes porque me representan desafíos. A veces, me ofrecen papeles y otras salgo yo al encuentro del personaje, porque no me gusta quedarme en ese lugar de quien recibe, sino que prefiero hacer y proponer.

–Desde el Hollywood de los inicios (y en alguna medida hasta hoy) los hombres ocuparon lugares muy protagónicos en las historias que cuenta el cine. En nuestro país, Ricardo Darín, Guillermo Francella, Leonardo Sbaraglia, Rodrigo de la Serna y Oscar Martínez son figuras muy convocantes. ¿Lo siente así?

Yo no creo que en los inicios de Hollywood los protagonistas o las historias hayan sido solo sobre hombres. Hubo grandes actrices a lo largo de toda la historia del cine. Me parece que eso depende de dónde quiera uno poner el foco. Por eso, no siento que en el cine haya una voz más fuertemente masculina. A veces, las historias rondan por ahí pero nosotros tenemos y tuvimos grandes mujeres en el cine. Muchas de ellas fueron muy sobresalientes. No tengo esa impresión.

–A propósito de los debates de estos tiempos, una de las luchas más fuertes fue por la igualdad salarial. ¿Considera que hubo una evolución en ese aspecto?

Pienso que hubo avances aunque todavía falta y lo que falta se dará de a poco… Los cambios son paulatinos desde mi punto de vista. Creo que los cambios drásticos más que transformaciones efectivas terminan despertando un choque. En esos momentos también se habla mucho de ciertos temas pero luego se silencian. Por eso, creo que los verdaderos cambios son aquellos que toman su tiempo, no se producen de la noche a la mañana. Sin embargo, en materia de igualdad salarial sí me parece que hay una evolución.

–En muchas oportunidades, las actrices de trayectoria señalaron la falta de personajes atractivos para las mujeres maduras. En Camino sinuoso le tocó compartir rodaje con Geraldine Chaplin, hija de Charles. ¿Qué le dejó ese encuentro?

Compartí muy poco rodaje con Geraldine, por el cronograma de escenas. Sí, en cambio, tuve muchos desayunos, muchas comidas en la noche durante el período de filmación. Geraldine es una mujer llena de anécdotas porque, además de ser la hija de Charles Chaplin, ella es por sí misma una gran actriz, acróbata y una  persona con gran humor. Fue muy enriquecedor conocerla y guardaré esos momentos en mí.

–También coincidió con Arturo Puig. Su esposa, Selva Alemán, fue su compañera en Malparida. ¿Cómo fue el trabajo con ellos?

Selva y Arturo son una pareja maravillosa. Con ella trabajé en Malparida y compartimos nueve meses en los que estuvimos siempre a la par. En ese tiempo de trabajo juntas fui muchas veces a comer a su casa, de manera que compartimos mucho. Ahora me tocó trabajar con Arturo y lo mismo… compartir profesionalmente con él es genial. Arturo hace un personaje que es un encantador en la superficie pero debajo es una persona con una gran oscuridad. En la vida, tanto Selva como Arturo son personas muy generosas, inquietas; en el trabajo son gente que siempre propone ideas. Es muy lindo cuando te tocan compañeros así.

–En Camino sinuoso interpreta a Mía Siero, una mujer a la que la vida golpeó, primero en su carrera deportiva y luego a nivel personal. ¿Qué nos puede decir acerca de su personaje?

Es una mujer que cuando era joven la golpeó fuerte su decisión. Mía tuvo que renunciar a su vida profesional que era mucho más que la vida profesional: para ella era también su proyecto de vida, no solo un deporte. Mía es una mujer golpeada por la vida, por muchas situaciones que siguieron a su descalificación deportiva. Por eso creo que, de alguna manera, lo que ella elige tras esa gran frustración fue engancharse con este hombre que la maltrata. Al fin de cuentas, ese matrimonio termina siendo una extensión de la frustración. Es una mujer que aguarda, quebrada, dolida, hasta que se despierta porque… siente que la vida se le está pasando y que no puede continuar así. Para ponerlo en sus palabras, en una escena Mía dice mientras come con su hermano que llega un momento en el que tiene que perdonar. En definitiva, se tiene que perdonar a sí misma y cuando lo hace va en busca de todo lo que sucede en la película.

–Cada actor con su librito. ¿Cuál es su manera de abordar los personajes?

Mi manera de abordar un personaje es primero leyendo el guión y, entonces, comprendiéndolo, abrazándolo. A partir de ahí, de acuerdo al personaje y sus características (su profesión, su historia, sus circunstancias) empezar a nutrirme para poder abordarlo. Mi manera de trabajar un personaje es ser el personaje. Trato de internalizarlo para no reiniciar en cada escena constantemente, sino que cuando me dicen “acción”, puedo ser el personaje.

–En estos quince años de trabajo, hizo televisión, cine, series para nuevas plataformas. Sin embargo, el teatro parece tener un lugar especial para usted, ya que en
La sangre de los árboles se involucró plenamente. ¿Por qué?

Amo el cine profundamente. Creo que el cine es mi pasión, pero el teatro también y con La sangre de los árboles tuve un abordaje distinto, porque la idea surgió cuando yo…era una actriz en tierras lejanas, no propias (Nota: el proceso de creación fue durante el período en el que vivió en Santiago de Chile). Nosotros, los artistas, creo que tenemos esa virtud de poder sacar de la galera la  creatividad y ponernos a hacer. No necesitamos que nos llamen para un proyecto y esto fue así. Yo estaba en Chile con una amiga actriz, Victoria Céspedes, y nos encantó la idea de poder hacer algo juntas pero con el objetivo de abordar el proyecto completamente, desde la producción, la realización y todo lo demás. Fue un acto de amor a mi trabajo, de libertad, algo así como no tener ninguna cadena, ninguna bajada de línea. Fue hacerlo. Nos gustó y no buscamos mucha explicación. A veces, es ir y saltar al abismo un rato. Y la apuesta resultó porque con La sangre de los árboles hicimos funciones en Colombia, en Francia y más. Ahora me gustaría girar con la obra por algunos puntos del país.

–Es nieta de Mirtha Legrand. ¿Cómo es una diva, según su mirada?

La verdad no sé si tengo mucha explicación sobre qué es ser una diva. Creo que, en definitiva, son rótulos para ubicar a alguien en algún lugar pero nada más que eso.
Para mí somos todos iguales, no importa la profesión. Al fin y al cabo todos vinimos a este mundo para aprender, para elegir, para equivocarnos, para corregir, para disfrutar, para
intentar ser felices.

–¿Ese término aplica para usted?

Yo no me creo diva. Me considero mucho más normal de lo que dicen que soy.