Juanse: De aquí a la eternidad

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–Juanse no es el mismo hombre que unos años atrás. Desde afuera vemos que su adhesión al cristianismo lo transformó. ¿Usted cómo ve esto?
En un momento aparece un evento interior, donde paso de estar en contacto con lo que hacemos nosotros, que es desarrollar una artesanía y hay que tener en cuenta que el desarrollo de esa artesanía tiene sus complejidades, a estar en contacto con otras cosas mucho más de adentro mío y, al mismo tiempo, más universales. Vengo a ser una especie de testigo de un montón de cosas que fueron sucediendo en la medida en que fui madurando y, mirándome como desde afuera, veo que la instrucción que recibí tenía que ver con mantenerme en segundo plano. Pero había una contradicción: yo era un pibe conocido en mi barrio sin necesidad de tocar o hacer algo para merecerlo. Por otro lado con mi papá músico, mi mamá marchand de arte y sin hermanos, tuve siempre la vocación artística bombardeándome en casa. Pero creo que yo también quería tener un aspecto social más desintegrado, en el sentido de no querer cobrar protagonismo, lo que evidentemente no salió. (Risas). Siempre fui muy normal por un lado y muy extraño por otro. Y el aspecto atípico es el que prevaleció y mi función o aspiración interior de querer ser normal no se
logró. Igual es todo circunstancial, una vez que el cuerpo se deshace, el alma es la misma.
–Por cómo arranca esta charla, noto que no tiene mucho interés en repasar su carrera. Y tengo en cuenta que la palabra carrera no es muy feliz…
No necesariamente, porque si la tomás como el hecho de correr por esta autopista que es la vida del mundo hasta que te quedás sin nafta, no está tan mal. Lo que pasa es que la gente hace de este término, que podría ser más universal, una lectura restringida, personal, vanidosa, etc.
–En esta etapa de su vida, habló varias veces de un concepto más que interesante: la destrucción del ego. ¿Cuál es su lectura específica?
Lo más difícil para todos es la destrucción del ego, pero lograrlo es muy importante. Hay un problema con eso en la vida de hoy que tiene mucho que ver con cosas como el psicoanálisis donde, lejos de aplacar la vanidad del ego, se trabaja con el paciente para que su ego se fortalezca y lo domine todo. Yo no creo en eso. Por supuesto que a veces un psicólogo puede ayudar a alguien a salir de una patología determinada, de una angustia o de algo que no puede manejar porque lo excede. Pero me parece que ir al psicólogo para convencerte de que sos genial es una pelotudez. Yo como cristiano no acepto eso para nada. La vanidad que tengo hoy es infantil, consiste en discutir en mi casa con mis hijos medio en broma o medio en serio por una naranja o el control remoto, o hacer una especie de “acá mando yo” con el estilo de Enrique Carreras (risas). Es un juego inocente donde uno no le hace daño a nadie ni a uno mismo, porque la principal víctima del ego es uno mismo. Y el resultado final de la vanidad y el ego, para colmo, es la envidia y el sentirse vacío.
–Es decir que para usted en el mundo de hoy hay cosas que están invertidas…
Si aceptamos una ficción teatral y nos emocionamos es porque estamos predispuestos a hacerlo,
pero, por buena que sea la obra en cuestión, nunca puede llegar a conmoverte como lo hace Dios con su manifestación, con lo que creó. Y claro que es absurdo o triste conmoverse más con algo hecho por el hombre que con la obra divina que incluye al hombre, pero así estamos. La axiología se ocupa de la jerarquía de los valores, y la sociedad en general está poniendo en primer plano al hombre, dice que el hombre es el que hace el bien, el que hace el mal y de esta manera nos encontramos discutiendo cosas increíbles como quién paga el muro.
–Hay una estigmatización de la fe más allá de los estigmas literales del cristianismo…
Hay una estigmatización porque somos muchos los que creemos en Dios y al ser muchos hay buenos y malos como en todos los grupos humanos, como en todos los niveles. Y las investigaciones para descubrir a esos malos recaen sobre la iglesia católica especialmente, no sobre otras instituciones religiosas que por ahí denuncian mucho pero no miran para adentro. –En muchas notas que dio recientemente habló de la conversión… Sí, para mí es esencial porque si uno no pasa por una conversión está como perdido. Pero no es todo. Como dice Romano Guardini: “voy camino a ser cristiano”, uno no se considera un cristiano completo porque cae en dudas y faltas, pero estar en el camino es lo que importa, tener la intención.
–¿Y por qué es tan rechazado por la sociedad secular ese camino?
Porque lo que propone prescinde totalmente de lo que nos está rodeando en este momento, que es todo material y vinculado al dinero. Vos fijate que estamos en un bar, donde desde la tele hay un tipo que grita sin parar, dificultando nuestra comunicación y al irnos encima vamos a tener que pagar una cuenta (risas). No es raro que se rechace un camino que te llama a ayudar a quien no conocés, por ejemplo. Porque amar y ayudar a tu familia o amigos o personas a las que conocés, y por eso las querés, es mucho más fácil que ayudar a alguien de quien no sabés nada. Tener esa conciencia de que la presencia divina está en todos, y ayudarlos y amarlos incluso aunque vengan en un envase que a uno no le guste como el de un policía, no es algo sencillo para nada.
–¿La inspiración proveniente de Dios es posible para todos?
El llama todo el tiempo, todos los días. Vos por ahí no te das cuenta, pero un día, con tu 15% de libre albedrío, aunque posiblemente pensás que tenés un 100, te das vuelta para decirle que sí o que no. Y sos la misma persona. Yo soy el mismo ser humano que antes, pero ahora tengo un cuidado especial al prójimo, pero no por miedo o respeto, sino por amor, amor incondicional, sin preguntar de dónde venís o quien sos, porque es una asistencia que yo le brindo a Cristo, no a una persona en particular fuera de él.
–¿Piensa que tocar es un acto de amor? No. Es como caminar: uno puede ir caminado a un prostíbulo, al camino de Santiago, o al baño. Yendo al prostíbulo pensando en que vas a convertir a alguien hablándole tal vez hagas mejor que si caminás por el camino de Santiago pensando “con quién me voy a cruzar por ahí”. Pero errar es humano: nosotros como seres humanos lo único que realmente inventamos es el error, ese es nuestro gran descubrimiento. Al final la gracia y el don vienen de la mano del sacrificio.
–¿Qué opinión le merece el Papa Francisco? Es el acontecimiento más importante o, mejor dicho, trascendente de la historia del país como Nación. El mundo toma al Papa como una figura farandulesca. Para mí es el sucesor de San Pedro, no es broma, no es algo que pueda reducirse a la celebridad o la política. El papado, además, es una cosa que se vino manteniendo en forma coherente y representa todo lo que el mundo de hoy detesta: organización, jerarquía, coherencia… Por supuesto que la Iglesia está formada por humanos y hay algunos que se comprometen con algo que no pueden hacer en realidad y desbarrancan y se van de mambo.
–¿Qué piensa de Castañeda? Asumo que alguna vez, ya hace mucho, lo leyó…
Obvio, y es magia negra pura y dura. Lo sabe todo el mundo…
–Pero quizás pueda ser para alguien una puerta de entrada a la verdadera fe. Es como lo que decía del prostíbulo: importa la intención.
El mundo es un gran prostíbulo y todos caemos en algo que está mal, por eso la confesión. Estos son años decisivos de división entre el bien y el mal. Cuando me reprochan seguir cantando temas como Vicio o el Rock del pedazo como algo contradictorio yo siento que ese es mi testimonio de algo que fui, que no lo puedo borrar y que no nací convertido, la conversión vino después de todo eso que hice. Imaginate que si se convirtieron los santos… Igual, lo más importante que lográs en este camino que yo encaré es que me resulte totalmente intrascendente la opinión del mundo, desde ningún ángulo, ni desde el familiar, ni desde el amistoso o afectivo. Realmente, lo que digan no me toca para nada.
–¿Y cuándo dicen cosas lindas, rayanas a la idolatría?
La idolatría es lo peor, pero hay que diferenciar un poco con lo que puede ser cariño, qué se yo. En estos años vi partir a los que fueron considerados como los más grandes, estuve ahí viendo cómo los ídolos, al morir, dejan de serlo. Esto puede llegar a pasar por una visión agónica, o aburrida, o escatológica pero es así: cuando llega la hora, ¿dónde está todo lo que te tomaste? ¿Y la plata? ¿Y el auto? ¿Y el departamento? ¿Y la mina que te llevaste? Pero vos sí estás… Todo lo otro es casi absurdo.