MAGALÍ TAJES: Escribir el caos

Magalí Tajes (Buenos Aires, 1988) empezó publicando videos en Instagram para que alguna editorial le publicara su libro. Y vaya si lo logró: después de Arde la vida (Tinta Libre Ediciones, 2014) acaba de lanzar Caos (Sudamericana), tanto en versión física como en audiolibro, un formato no tan explorado en el país. Su éxito fue tal que agotó una primera edición en pocos días, obligó a la editorial a reimprimir nuevas ediciones y se convirtió en la líder indiscutida de los rankings de venta. Desde entonces la comediante no para de impresionar a todos con un libro que es una fiesta. O con una fiesta que es un libro.
–¿Cómo la encuentra la publicación de Caos, su segundo libro?
Bien. La verdad es que es mucho más fácil estar en este lugar que en el de la autopublicación. Ahora tengo la fuerza de Penguin, y hay un montón de gente trabajando en el libro, y me parece una locura que lo respalden tantas librerías. Si me escriben de Jujuy para preguntarme dónde lo pueden encontrar les digo “en tal lado”, lo pueden encontrar en cualquier parte del país. Eso me desligó muchísimo de un montón de cosas, por lo cual estoy contentísima.
–Además de contar con el respaldo de una editorial tan grande, ¿qué otras cosas cree que cambiaron o evolucionaron entre su primer libro y este?
El primer libro lo escribí cuando tenía 25 años, es como una autobiografía novelada. No es del tipo “soy una artista”, pero sí tomaba las partes de mi vida sobre las que más preguntas me había hecho, por eso se llama Arde la vida. Y este libro me encuentra con mucha más práctica de escritura, tengo cuatro años más. Caos es un libro que está muy desordenado, a propósito, entonces hubo mucho detalle en ese libro que parece un caos, donde hay colores, hay puertas, podés cambiar de página, hay partes que tenés que arrancar, partes que tenés que quemar. En todo eso hay muchísimo detalle, y además leí muchos libros en estos cuatro años que me hicieron crecer bastante como escritora, y también salió con mucha más revisión que Arde la vida, que es un libro que escribí en tres meses.
–Caos es una fiesta rarísima que si tuviéramos que caracterizar podríamos decir que es un “libro de la vida”. Todo lo que pasa en la vida pasa un poco en Caos. ¿Cómo surgió la idea?
Creo que me gusta que la gente se haga preguntas, y qué más preguntas te puede generar algo que la vida cotidiana. ¿Dónde te sentís más atrapado? En tu vida cotidiana, en las tonterías de tu vida cotidiana, en una separación, en una vecina, en enamorarte o en tener un fanatismo raro por algo que todos los demás no entienden. Me gusta cuestionar a la gente que me lee, o que ellos mismos se cuestionen, y me parecía que Caos era un poco de todo. Me pregunté: ¿Cómo cuestiono un poco lo social, un poco el amor? Y bueno, que sea un descontrol, y que dentro de ese descontrol haya cuerdas para que más o menos vos sepas con lo que te vas a encontrar, porque también necesitas contención, no puede ser todo un desborde. Fue básicamente eso. Salió mejor de lo que esperaba, salió distinto, en realidad. Yo me imaginaba la fiesta, pero como en toda fiesta, no sabía cómo iba a terminar.
–Esa estructura se ve. Al igual que en las fiestas, hay una organización mínima.
Bueno, está la puerta negra que es el baño, y en el baño es donde vomito los textos más tristes. Eso no pasa en la cocina, pasa en el baño. Ese fue un poco el orden. Hubo mucha conciencia al pensar de qué manera iba a ir cada texto. Al principio los escribí todos desordenados; después los ordené. De hecho hubo textos que me quedaron en el medio, “este puede ir a la puerta amarilla o a la roja”, y bueno, los puse en una puerta diciendo que se habían escapado de la otra. Jugué un poco con eso.
–Una de las cosas más llamativas del libro es que mezcla muchos géneros: hay cuentos, hay poemas, hay relatos. ¿Cómo pensó la unión de los diferentes textos?
Eso salió solo, porque cada temática me propone una forma de escribir. Yo creo que no soy muy buena con la poesía, pero cada tanto alguna escena de la vida real me convoca a escribir más brevemente. Quizás también tenga que ver con que yo en esa época estaba leyendo más poesía que relatos, y por ahí cuando leo más narrativa escribo más relatadamente. Depende quién me esté influyendo en esa época en que yo estoy escribiendo el texto. Además, Caos lo escribí durante tres años, entonces hay mucha variedad de mí. Hay cosas que yo ahora no podría escribir y hay cosas que no hubiera podido escribir hace dos años.
–Hay cosas que parecen más autorreferenciales, y otras que no tienen nada que ver con usted. ¿Cómo construyó los personajes que más se alejan de la autorreferencialidad?
Eso fue lo que más disfruté de Caos, porque yo nunca había escrito ficción. Fue una apuesta y me divirtió muchísimo. Lo bueno de un personaje es que podés decir lo que quieras. Yo hago stand up, hablo de mí, cuando escribo hablo de mí, y el hecho de no tener la obligación de ser yo misma y poder ser cualquier persona me dio disparadores para decir “bueno, si puedo ser cualquier persona entonces voy a ser la más alejada posible de mí”, y por eso hay un adolescente, un señor, una vieja y una pareja que lleva como ocho años, y yo nunca tuve eso en mi vida. Fue lindo. Estudio psicología, entonces meterme en texturas y psiquis diferentes no me cuesta. Fue muy divertido.
–En una parte del libro dice que “para reírse con el alma hay que tenerla un poco rota”. ¿Es desde un alma rota de donde parte su humor?
Creo que sí, que la creatividad nace de ahí. Mi analista insiste en que se puede escribir desde otros lugares que no son los dolores, pero todavía no los encontré. Sí sé que estoy un poco más evolucionada y no necesito sufrir para escribir, pero para escribir necesito convocar un lugar de dolor, aunque sea recordarlo, ir a ese lugar emocionalmente…
–Aunque después no escriba sobre ese dolor en particular.
Claro, algo como una picadura de mosquito, que te moleste, que te inquiete. Creo que todo lo que se hace en términos artísticos parte de una falta, de un agujero, de una rotura.
–¿Cuándo empezó a escribir? ¿Qué la impulsó?
Empecé a escribir a eso de los 6 o 7 años, y era mi forma de hablar con alguien. Tengo hermanos, y mis viejos laburaban mucho en esa época, y en el colegio me costaba hacerme amigas, entonces el papel era como un amigo para mí. Me gustaría conservar cosas de esa época, pero tiré todo. Tengo solamente un texto que escribí a los 15, y es muy malo, pero me causa mucha ternura leerlo porque es horrible y pregunta si tiene sentido la monogamia. O sea que a los 15 años ya estaba re quemada del bocho, todavía no había leído a ningún autor que tratara el tema, pero ya estaba quemada. Así que fue medio un escape y una forma de conversar con alguien.
–¿Y cómo nació la Magalí Tajes comediante y figura de las redes sociales?
Empecé a poner videos en Instagram para publicar un libro, y después fue una especie de camino inverso. Los videos terminaron explotando, y me dediqué más al stand up. Recién a los 750.000 seguidores, Penguin levantó el teléfono y me dijo “che, ¿querés publicar un libro?”.
–¿Qué grado de responsabilidad cree que tiene que tener una persona como usted, con tantos seguidores, a la hora de publicar un video?
Yo creo que una red social es como un canal de televisión. Entonces vos tenés que ser consciente de lo que transmitís en tu canal, y ser consciente de que un montón de gente lo mira. Hay gente que usa su canal solamente para hacer humor, y es válido. Hay gente que usa su canal para decir cosas horribles, y es válido porque es su canal. Yo en mi canal trato de hacer humor, de leer poesía y también de meterme con cuestiones sociales, que es lo que soy yo. Creo que uno hace de su canal un poco lo que uno es. Se me armó lío en varias ocasiones, pero a veces se me arma más lío porque, no sé, no me gusta la menta granizada. Causa más revuelo eso que decir que estoy a favor del aborto legal. Lo cual está bueno, porque significa que la gente que me sigue a mí no está en lucha con el aborto legal y sí con la menta granizada, que es una lucha más pequeña.
–Ya tiene una base de seguidores que la entiende y que comparte las cosas fundamentales.
Sí, y cuando cuestionan y discuten está buenísimo. Qué podría ser más aburrido que el hecho de que los demás piensen igual que vos en todo.
–Hablando del feminismo, dijo usted en una entrevista que este es el mejor momento para ser feminista en Argentina, pero que hay mucha desinformación. ¿Qué cree que es lo que falta?
Tiempo. Yo hago stand up hace seis años, y desde que arranqué dicen que el stand up es una moda. Es la moda más larga que conozco hasta ahora, porque el bordó duró tres meses. Creo que con el feminismo pasa lo mismo, no es una moda, es algo que se viene a instalar para debatir un montón de cuestiones, va a seguir estando, necesita tiempo, pero ya se ven cambios. Está por nacer mi sobrina y sé que ella no va a vivir las mismas cosas que yo, porque por lo menos ahora hay cuidado, ya sea por miedo o por confusión. No sabés por qué lo hacés, pero ya no lo hacés tanto. Y como mujer una se cuestiona un montón de cosas, y está buenísimo que pase.
–¿Cómo ve el éxito hoy, en comparación a como lo veía antes de publicar y hacerse conocida?
Yo me imaginaba otra cosa del éxito. Pensaba que cuando eras exitoso todo el mundo hacía cosas por vos, no tenías que encargarte ni siquiera de hacer las compras en el supermercado. Y ahora me bajo del escenario y voy al almacén. Pensé que te daba mejor calidad de vida y más tiempo, y en realidad el éxito te consume bastante y te causa mucha angustia también, porque está esa cosa de “se puede terminar” que te persigue como un fantasma, pero creo que no hay que darle bola. Pasé años de mi vida preguntándome si iba a poder vivir del arte, hasta que en un momento me dediqué a hacer arte y no lo pensé más, y las cosas se fueron dando