Proceso de registro

Jazmín Stuart: Los hermanos sean unidos

 Con Pistas para volver a casa, su segundo film, pero su primero como directora à part entière, JAZMÍN STUART se presenta formalmente en sociedad como una cineasta sensible y con ideas propias.

Por Esteban Ulrich


De hermoso rostro, Jazmín Stuart, deja por un rato su función de actriz para regresar sobre una de sus inspiraciones originales, la de dirigir. Luego de un proyecto en codirección, debuta como directora con Pistas para volver a casa, la historia de dos hermanos en crisis económica y existencial que se lanzan tras la huella de una madre abandónica y el botín perdido por su alucinado padre. Más que una cara bonita, una mujer que madura artísticamente con gracia y personalidad.
–¿Cómo fue su formación? ¿Qué la influenció de chica para adoptar el camino artístico?
Mi primer recuerdo de contacto con lo creativo es a los 5, 6 años cuando aprendo a leer y me sumerjo en el mundo de los libros. El primero que leí fue Annie, de Thomas Mehann y, a partir de ese momento, no paré de leer y de escribir mis propias historias. También empecé a diseñar historietas, a la manera de un storyboard intuitivo. A los 12 años empecé a a estudiar teatro; y al terminar la secundaria, entré a la carrera de dirección de cine en la FUC. A los 21 años ya estaba graduada, pero en ese momento no se filmaba tanto; recién empezaba el “Nuevo Cine Argentino”, y, como yo necesitaba trabajar, empecé como actriz, en televisión. Fue difícil empezar, porque estaba llena de prejuicios, pero pronto descubrí que era un espacio donde aprender muchas cosas. No sólo como actriz, sino como directora, observando aciertos y errores de los directores con quienes trabajaba. Me desarrollé seis años en tiras televisivas, hasta que en un momento decidí parar ese ritmo y recuperar la intención de profundizar en la tarea narrativa. Empecé a ser más selectiva como actriz, priorizando roles en cine y en unitarios; y recuperé la iniciativa de dirigir. Primero en teatro, con mi obra La mujer que al amor no se asoma, luego al ganar el concurso de cortometrajes con Juego de grandes, después codirigiendo Desmadre y, finalmente, escribiendo y dirigiendo Pistas para volver a casa. Hoy siento que voy combinando las tres caras de una misma moneda: contar historias. Me siento afortunada al poder combinar mis tres oficios: escribir, actuar y dirigir.
–¿Cuándo comienza a formarse en usted la idea de ser actriz?
Desde chica. Mi mamá era profesora de expresión corporal. Mi papá era director de cine publicitario. En mi casa había muchas películas, discos, libros. Era un poco inevitable.
–¿Cuáles fueron sus primeros encuentros con el cine?
Desde muy chica también. Íbamos al cine, al autocine, y había un proyector de súper 8 en casa. Se veían muchas películas. Mi papá compraba libros en el exterior sobre cómo se filmaban películas como Alien o Blade Runner y yo los miraba fascinada.
 –¿Con el teatro? 
Fue algo que apareció con más fuerza en la escuela primaria. Empecé a estudiar en la escuela de Hugo Midón, luego con Cristina Banegas, luego con Augusto Fernándes y finalmente muchos años con Julio Chávez. El teatro, como hecho artístico, fue un espacio de entrenamiento muy importante para mí. Además de aprender con estos maestros, que me entrenaron, completé mi formación con otras disciplinas, como danza contemporánea, acrobacia, canto lírico, improvisación...
–¿Cómo llega a la televisión?
A partir de la necesidad de trabajar, probando suerte. Verano del 98 fue el primer casting que hice para tele y quedé elegida el mismo día de la audición. Estaba aterrada. Tenía muchos prejuicios con la televisión. A partir de ahí, no paré de trabajar.
–Me parece un punto importante en su carrera su trabajo en Los paranoicos, junto a Daniel Hendler. ¿Cómo llega a ese proyecto?
Gabriel Medina (el director de Los paranoicos) y yo habíamos sido compañeros en la carrera de Dirección Cinematográfica en la FUC. Y cuando Gabriel empezó a delinear ese proyecto, enseguida me contactó para proponerme que fuera Sofía, a lo cual accedí inmediatamente. Daniel Hendler entra inmediatamente después al proyecto para interpretar a Luciano y se genera una mística en rodaje, que transforma a Los paranoicos en una de las películas de culto del cine argentino.
–¿Siente algo especial con respecto a ese trabajo?
Justamente esa mística. Es muy fuerte y palpable cuando un director hace una película desde las entrañas. Este caso es uno de esos, y creo que nos contagió a todos con ese espíritu. En la película se ve, se siente, esa honestidad y ese impulso vital con que se filmó.
–Luego llega a la dirección, ¿puede contar un poco cómo fue ese cambio y la experiencia de codirigir Desmadre?
Desmadre es, originalmente, un proyecto impulsado por Juan Pablo Martínez, mi codirector en esa experiencia. Él estaba fascinado con la novela original de Guillermo Fadanelli y me propuso adaptar juntos la novela a guión. Le pareció que, para contar esa historia de una hija adolescente y su madre, necesitaba el punto de vista femenino que yo podía aportarle. Para mí fue una experiencia muy valiosa para perder ciertos temores y refrescar algunas herramientas de dirección. Necesitaba foguerame, volver a entrar en el clima de “detrás de cámara” y fue la oportunidad ideal. Pistas para volver a casa, ya es un guión propio y la dirigí sola. Pero creo que Desmadre fue el trampolín ideal para animarme.
–¿Cómo aprendió el oficio de dirigir?
Creo que todo lo que pude observar en mi vida, en danza, en música, en literatura, e incluso en la vida cotidiana, sirvió para formar mi ojo de directora, que todavía tiene mucho que aprender. Y la formación académica en la Universidad del Cine también fue clave. Sin embargo, estoy convencida de que para aprender a hacer películas, la mejor manera es hacer películas. No queda otra. Hay que salir a la cancha para aprender a jugar.
–Imagino que habrá aprendido estudiando a los directores con los que ha trabajado también...
Vi trabajar a muchos directores, pero absorbí con más atención las formas de filmar de colegas universitarios como Gabriel Medina o Nicolás Goldbart, al trabajar con ellos como actriz.
–¿Cómo se relaciona con la escritura?
Escribo siempre. Es una de las partes de este oficio de contar historias. Las épocas que paso escribiendo son de mucha introspección y me hacen muy bien, para retirarme por un rato de lo ruidoso de la actuación y la dirección. Lo disfruto mucho.
–¿Qué películas la marcaron, qué libros u obras teatrales?
En cuanto al abanico de mis referencias, siento que es demasiado amplio para describirlo ahora. Soy muy ecléctica a la hora de absorber influencias. Afortunadamente sigo teniendo el ojo intuitivo y visceral del espectador promedio. No analizo, dejo que me impacte lo que veo, leo o escucho. Y no me cierro a nada. No me gusta hacer charts de autores favoritos. Creo que haciéndolo existe el riesgo de obturar la mirada.
–¿Cómo nace el proyecto Pistas para volver a casa?
Tengo entendido que siendo usted hermana, hay un cierto paralelo entre su vida y este proyecto... La relación con mi hermano fue un disparador, pero luego la historia amplió sus horizontes ficticios hasta transformarse en la película que es hoy.
–También pensaba si, al ser su primera película como única directora, no la siente como su verdadero debut.
Definitivamente, esta película la siento mucho más propia que Desmadre. Tiene que ver con que es un guión mío, con muchas más certezas sobre los personajes, los conflictos, los tonos y el lenguaje cinematográfico.
–¿Cómo llega al casting? ¿Qué actores tenía ya pensados de antemano, si los había, y cuáles surgieron después o le sorprendieron de alguna manera?
Hugo Arana y Beatriz Spelzini siempre fueron los padres en mi imaginación. Con respecto a los protagonistas, tenías tres opciones de Dina y tres para Pascual, pero al conocer a Érica Rivas y Juan Minujín decantó rápidamente la decisión. Y hoy estoy feliz de tener esta dupla protagónica, que hizo un trabajo brillante.
–Algo que llama la atención de la película es el cuidado en el arte, por un lado en cuanto al tratamiento de color de la fotografía de Daniel Ortega, esos colores apagados... ¿Cómo llegó a ese concepto?
Sobre todo para una historia que tiene cierta búsqueda humorística, género que suele inclinarse por los colores más estridentes... Para mí la comedia es más comedia en la medida en que se desprende de la tragedia. Esa visión “gastada” de los personajes y sus contextos me parecía clave para después poder desarrollar empatía, y reírnos “de” y “con” ellos. En ese sentido, tanto Verónica Romero (directora de arte), como Daniel Ortega (director de fotografía), supieron interpretar y enriquecer la visión que yo traía previamente.
–También, y en un sentido similar, llama la atención la cuidada personificación loser tanto de Juan como de Érica... ¿Cómo se fue dando la construcción de estos personajes tan precisos como delicados?
A ambos actores los conocía pero nunca había trabajado con ellos. Inmediatamente se entregaron a la búsqueda y caracterización de los personajes. Y en este sentido fue clave el aporte de Néstor Burgos (genio del maquillaje y el peinado, quien se destacó anteriormente en Relatos salvajes), y Roberta Pesci en el vestuario, que brilló en todas las películas de Daniel Burman y más. Entre todos fuimos encontrando, en cada detalle, a Dina y Pascual.
–En cuanto al humor, resulta muy interesante ese juego entre la opacidad y los rayos solares esporádicos que se dan en la historia y los personajes. O sea, ¿cómo se trabajó ese medio-tono humorístico? ¿Proviene de alguna otra obra?
No tengo una referencia concreta. Fueron decisiones desde lo intuitivo, sabiendo que corría cierto riesgo al construir un camino tan sinuoso en cuanto a la búsqueda emocional de los tonos. Recién cuando empecé a ver proyecciones con público, tuve la certeza de que el espectador agradecía y disfrutaba de esa montaña rusa de géneros y climas.
–En algún lado dijo: “Me di cuenta que un hermano es un documentalista de tu vida, un testigo, casi como un historiador omnipresente de tu historia”, en este sentido, ¿Pistas... sería una suerte de oda a la hermandad?
Creo que sí. Revaloriza el vínculo fraterno y también la familia desde un lugar realista, falible, posible y humano.
–¿Tiene otros proyectos entre manos para el futuro?
Tengo una primera versión de mi próximo guión cinematográfico, que por el momento se llama La bestia. En paralelo, escribo una película de terror junto a Gabriel Medina, que él dirigiría y yo protagonizaría. Además, tenemos con Hernán Guerschuny (El crítico) un guión escrito en conjunto, que aparentemente estaríamos codirigiendo este año, y en el cual actuaría uno de los roles. Por último, fui convocada por Diego Fried para protagonizar su nueva película. Y en televisión, estamos esperando que tenga aire una comedia alucinante de Gabriel Nesc (Todos contra Juan y Días de vinilo), que protagonicé junto a Fernán Mirás, Gustavo Garzón, Damián Dreizik y Marcelo Mazzarello

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