En toda su obra se vislumbra una gran tensión entre escritura, política y vida cotidiana. ¿Cómo llegan estos tres temas a sus libros?
Esta pregunta abarca dos cuestiones simultáneamente: una según el tema y otra según la estética de la escritura. Cuando comencé a escribir me encontraba en una situación sin salida. Luego de mis estudios me tocó en suerte trabajar como traductora en una fábrica de construcción de máquinas en Rumania. Así era en aquel entonces en la dictadura, uno no podía elegir su puesto de trabajo una vez finalizado los estudios. En esta fábrica en Temeswar mi trabajo era traducir al rumano descripciones técnicas de máquinas prove-nientes de Alemania. No entendía casi nada acerca de contextos técnicos, y tenía que preguntar siempre a los trabajadores, que se encontraban en la fábrica con las máquinas, qué significaba ésta o aquella palabra. Un día recibí la “visita” de un oficial del servicio secreto, que me quería contratar como espía. Yo debía espiar a mis compañeros de la fábrica y a las visitas provenientes del extranjero. Como yo me negué a hacerlo comen-zaron las trabas diarias en las fábricas, que cada vez eran más duras. Así entonces un día se encontraban mis diccionarios en el pasillo, porque mi oficina estaba ocupada por un ingeniero y tenía que trabajar en la escalera. Cada día me presentaba al director, quien me intimaba a informarle.
Siempre dije que a mí me gustaba Temeswar, y que quería quedarme allí hasta la jubilación. Al mismo tiempo muere mi padre. Para aquel entonces yo había comenzado a escribir relatos, que luego aparecieron bajo el título de En tierras bajas [Punto de lectura, 2009]. Quería escribir sobre mí, de dónde vengo y quién soy: la vida cotidiana, el pequeño pueblo apartado, esa infancia, esos padres –mudos campesinos fatalistas–. Su angustia, como si hubieran sido adiestrados para la humillación y el silencio. Lo privado y la política, la vida cotidiana y la dictadura siempre estuvieron estrechamente ligados.
¿Y la tensión que existe entre estas dos cosas? La tensión no es una conexión siempre existente. Así fue en lo vivido y así es también en lo escrito.
¿Cuáles son las fronteras y los cruces entre ficción y realidad? ¿existen?
Para mí no existen fronteras entre ficción y realidad. La literatura debe reinventar siempre la realidad. La parte real de la ficción no se deja traspasar de forma directa y coincidente a la realidad desde el lado de la ficción. Cuando se intenta eso, aparece quizás la literatura documental o simplemente un realismo sin recursos y superficial.
¿Por qué el recurso de la utilización de figuras de animales para trazar paralelos con el comportamiento y padecimientos de los personajes? ¿Por qué lo dice?
Piense en el libro El hombre es un gran faisán en el mundo [Punto de lectura,
2009]. El título de este libro proviene de un refrán rumano, que ve al faisán diferente de como lo hace el alemán. En alemán existe la palabra “faisán dorado” para los oficiales
condecorados. El faisán es un fanfarrón. En rumano, por el contrario, el faisán es un perdedor, no puede volar y por eso es una presa fácil para el cazador.
¿Por qué en sus libros no se percibe en ningún momento la posibilidad de resistencia frente al poder? ¿Qué entiende usted por “resistencia”?
Según mi entender ésta comienza con la negación. En La bestia del corazón [Siruela] se describen hombres y mujeres jóvenes, que no quieren participar en la vida cotidiana de la dictadura, que se rehúsan y por eso caen en la mira de la policía secreta. Son atormenta-dos con interrogatorios sólo porque leen determinados libros y son amenazados de muerte ¿Qué podrían haber hecho sino en un Estado de control? ¿Usted esperaba armas, militan-tes clandestinos, o un Art Resistance? Eso no existía en Rumania.
¿Por qué eligió una mirada, la voz y la percepción de una niña en su libro ‘En tierras bajas’?
Porque como ya he dicho, en En tierras bajas quise hablar claramente sobre mí. Mi infancia tuvo lugar en un pequeño pueblo donde generalmente estaba sola y tenía que ordeñar las vacas en el establo. Para describir la soledad y la intimidad de esa infancia, tuve que utilizar la mirada de una niña como un truco literario. Sin embargo las observa-ciones de una niña sólo han sido posibles desde mi edad actual y la distancia con aquél entonces.
¿Cree que la estructura patriarcal en la familia constituye el germen social para el surgimiento de un régimen totalitario?
No. Antes de la dictadura existían estructuras familiares patriarcales. Y las estructuras matriarcales también son, asimismo, unilaterales y adictas a los controles. Pero los contro-les en el ámbito privado existen en el Este y el Oeste, en el Sur y el Norte –pero esto es algo más que una dictadura–.
A partir de la lectura de sus libros se tiene la sensación permanente de encontrarse frente a un estado de “alienación colectiva”. ¿Cree usted que la alienación es una consecuencia propia del trabajo o bien puede extenderse hacia otros ámbitos de lo social?
La alienación colectiva es consecuencia de lo privado enajenado colectivamente, del sen-tido de la vida confiscado de manera colectiva. La mayoría de los hombres se sienten amenazados por los controles omnipresentes, menospreciados y abusados por la dicta-dura. Los conduce a la apatía, al silencio y a la angustia. Funcionan de manera mecánica para no caerse. No se preguntan más quiénes son, qué hacen ni para qué lo hacen.
En toda su literatura lo “no dicho” se desliza de manera subrepticia, emerge implícitamente a pesar de lo aparente. ¿Cuánto falta revisar sobre el pasado reciente de Rumania? ¿Cuánto y de qué manera ese pasado incide sobre los rumanos?
El “pasado” es volver normal en el pensamiento aquello que se ha vivido. Cada uno tiene un pensamiento en la memoria. En mi caso es la dictadura. Y para mí es lógico entonces que me refiera a ese tema en lo que escribo.
Yo no lo elegí. Creo que cada autor va con su escritura allí donde se encuentra su daño fundamental. Sino, no se debería escribir. Piense en Celan, Semprun, Kertesz, Primo Levi,
Solschenizyn, Schalamov, Hanna Krall, Jürgen Duch, etc.
Hay muchas bibliotecas llenas de libros cuyos temas los autores no los han podido elegir, sino al revés. El tema eligió al autor. El daño llena toda la vida.
¿Qué prácticas del régimen de Ceaucescu perduran hoy en Rumania? ¿Qué cree usted acerca del futuro de Rumania?
La mitad de los trabajadores del servicio secreto de Ceaucescu, la “Securitate”, fueron tomados en el nuevo servicio secreto SRI. La otra mitad recibe jubilaciones altas de empleados normales; sin embargo otros hoy tienen puestos muy importantes en el merca-do, son empresarios o directores en empresas, gracias al trabajo de espía hecho durante la dictadura.
Por ejemplo el vicejefe de la Securitate de Temeswar, que en aquél entonces era temido por los disidentes por sus palazos y que luego de la caída de Ceaucescu se encontró dos
años en prisión preventiva, hoy es director en una compañía de seguros en Temeswar, que pertenece a un consorcio en Austria. Estuvo en prisión preventiva porque durante la llamada revolución de la Securitate condujo en un camión frigorífico a manifestantes asesi-nados hasta fuera de la ciudad para enterrarlos en fosas comunes. Aunque quiso eliminar las pistas de ese asesinato, las averiguaciones fueron suspendidas y fue puesto en libertad. En Rumania nunca se hizo el intento de esclarecer seriamente los asesinatos y crímenes de la Securitate. Nadie pidió cuentas de nada. Es indignante. Y luego del otorgamiento del Premio Nobel, este oficial del servicio secreto alardeó en los diarios que a causa de esto puso micrófonos en mi casa. Hasta hoy se maravilla de Ceaucescu, y dice que su servicio secreto fue la “elite” del país. Porque este tipo de gente considera a la política y al comer-cio de esta manera, veo negro el futuro de Rumania.
¿Cree que la literatura debe tener necesariamente un compromiso político y social? ¿Escribir constituye una necesidad vital para usted?
Escribo para mí. Es así desde el comienzo. La literatura que tiene una tarea, un mandato y que se define por éste, corre generalmente el peligro de caer en lo pedante, por consi-guiente, en lo ideológico (y sería con signos invertidos). La propaganda de agitación casi siempre es trivial, aun cuando su posición e intención son necesarias. El “mandato” –de un partido dominante o prohibido– muy rara vez hace bien lo estético. Sólo la sorpresa de lo urgente, como una densa poética, puede despertar al lector en un texto. Y esto no se da de manera directa como un cumplimiento de deberes. Piense en Celan o en Lorca.
¿Qué proyectos tiene? ¿Sobre qué piensa escribir próximamente?
Sobre eso no hablo, nunca lo hice.
¿Tiene usted alguna relación con el realismo mágico latinoamericano?
Claro que sí. Sin el realismo mágico, sin García Márquez por ejemplo, seguramente no hubiera podido encontrar la clave para el lenguaje, como por ejemplo para describir el pueblo en En tierras bajas. Y quizás también incida en la última novela, El columpio de la respiración.