Proceso de registro

El héroe de las mil caras

 

Rodrigo de la Serna fue el amigo del CHE en diarios de motocicleta,
san martín en revolución, puntero en televisión y
se prepara para ser un policía en teatro.

Disponer de una hora para reportear a Rodrigo De la Serna en estos días no es sencillo. Sus ensayos y grabaciones le consumen gran parte de las veinticuatro horas. Además, seguramente, convive con él cierta desconfianza: una semana antes de realizar esta entrevista, el actor fue tapa de innumerables revistas de espectáculos, junto con su nueva novia –se supone–, la actriz Soledad Fandiño. "De eso no queremos a hablar", le anticipamos. De la Serna nos espera a las 17:30 en el bar La Academia, de Callao y Corrientes. Está sentado de espaldas, bien al fondo, frente a un televisor que transmite el partido Real Madrid versus Barcelona. Con su nuevo corte de pelo media americana se lo identifica rápido. En un alto en los ensayos de Una lluvia constante, obra teatral que coprotagonizará con Joaquín Furriel a partir de Junio, esboza la primera respuesta: "La guerra… podría estar horas hablando de la guerra". Sólo un gol de Messi interrumpió nuestra charla.
Diarios de Motocicleta fue la película que, sin duda, lo prestigió internacionalmente. Allí encarnó a ALBERTO GRANADOS, compañero de ruta por América del Sur de un guerrero y político, el Che, caracterizado por GAEL GARCÍA BERNAL. A principios de abril, se estrenó Revolución, el film que narra el cruce de la cordillera andina de otro guerrero y político, San Martín.

–¿Cómo fue la experiencia de grabar en Los Andes? Fue maravillosa, con un marco imponente. Hicimos base en un pueblo que se llama Barrial, enclavado en un valle. Mirás para el este y está la precordillera con sus tres mil metros de alto, sus diversos colores y matices impresionantes. Mirás al oeste y está la cordillera. El rodaje fue muy intenso, estuvimos un mes allí. Una semana antes nos aclimatamos, pero durante la noche anterior a empezar el rodaje nevó fuerte. Eso nos ayudó a contar la complejidad del cruce. Fue una especie de bendición.

–Por lo que se ve, hubo centenares de extras. ¿Eran vecinos de Barrial? Sí. El pueblo nos recibió muy bien. Cuenta con tres mil habitantes y su mayoría colaboró con la película, desde la utilería, los baqueanos que aportaron sus mulas que trasladaron hasta los cuatro mil metros donde filmábamos. Una generosidad grande la de este pueblo sanjuanino.

El San Martín de Revolución dista mucho de aquel interpretado por Alfredo Alcón en El Santo de la Espada, en tiempos de Onganía. Este general es sensible con su esposa Remedios, permisivo con la tropa en los festejos de victorias, pero también severo en las incorrecciones y distracciones de su ejército. Es un San Martín consagrado héroe junto con un colectivo de hombres y mujeres. Un militar con acento castellano, fuertes dolores abdominales, e impulsivo cuando las cosas no salen bien. 

–¿Cómo se preparó para interpretarlo? Tuvimos poco tiempo de preparación, pero fue muy bien utilizado. Eché mano a lo que pude. No sólo había que contar la gesta de Los Andes y la personalidad de este gran hombre, sino también una época, otro universo, otro planeta. Las posturas corporales, el vestuario, las expresiones del lenguaje son muy distintos. Para ello, me sirvieron mucho las clases de esgrima que tomé, las de equitación y los libros que leí. Con todo llegué bien parado cuando me hicieron la propuesta.


–Le gusta leer historia... Soy un aficionado de la historia en general, pero por sobre todo la del continente, la de mi país. Leí las biografías de Mitre y Pasquali sobre San Martín. Hasta me hice una gigantografía del daguerrotipo del general, y todas las noches le prendí una vela. Hice todo lo que pude, desde lo material hasta lo espiritual.

EL OTRO GENERAL

"Cuando me ofrecieron hacer a San Martín dije 'por supuesto', fue una alegría muy grande. Y una preocupación por encarnar a este hombre en el cine, porque es una responsabilidad enorme para un actor. Pero yo ya sabía qué San Martín vibraba dentro mío, y se lo planteé a Tristán Bauer [N. del R.: hacedor de la propuesta], y él coincidió conmigo. Pasó lo mismo con el director Leandro Ipiña y los guionistas: ya sabíamos de qué San Martín queríamos hablar", explica De la Serna. Revolución es un largometraje de una hora y media. Arranca con la visita que un periodista le realiza a un viejo Manuel de Corvalán, quien fuese secretario de San Martín. Desde allí, se teje la historia sobre la formación del Ejército de los Andes, compuesto de hombres de todos los colores cuyos uniformes eran confeccionados a mano por las mujeres. Finaliza con la aventura de traspasar la cordillera a pie para librar la batalla de Chacabuco, suceso fundamental para la independencia de Chile.

Dos jóvenes historiadores, Gabriel Di Meglio y Javier Trímboli, fueron quienes asesoraron a los guionistas con exclusivas fuentes de primera mano. En sus primeras tres semanas, la película reunió alrededor de 190 mil espectadores, con un proyección final de 300 mil. Han participado de ella cerca de 200 técnicos y más de 400 actores y extras.
Sin duda, desde 2001 hasta hoy, la historia argentina ha sido objeto de estudio masivo en la sociedad. Para De la Serna, el fenómeno "es consecuencia de dos movimientos: uno regional, de integración latinoamericana, que se parece mucho al que San Martín soñó doscientos años atrás. Y un movimiento de revisionismo histórico que vive el país, muy interesante creo yo, que necesitábamos, que estuvimos ocultando. Esta película también es resultado de ese proceso".

–¿Por qué dice que "Revolución" resignifica a San Martín? Lo que nos quiso contar la historiografía clásica es que era un militar, porque hizo una campaña militar. Se le negó ese perfil político, pero el tipo tenía una visión estratégica pocas veces vista. Por ejemplo, cuando Bernardino Rivadavia le pide el ejército para combatir las montoneras de Artigas y de López, él se niega. Es un gesto político notable. Él estaba para otra cosa, no para 23 una guerra fraticida, sino para luchar contra un gobierno absolutista.

–Además del estadista, el film rescata al guerrero, al héroe... Plantea un héroe nacional, pero de una nación distinta a la que planteó Bartolomé Mitre, quien incluso empleó la imagen de San Martín para construirla, y que nada tenía que ver con la idea de nación de San Martín. El general tenía ideas políticas claras, de vanguardia sobre la nación. Pero aquí han construido ideas mezquinas, de una nación más pequeña, de fronteras más cerradas, al servicio de intereses ajenos a los ideales libertarios, emancipatorios, integradores de una región enorme, de una confederación de naciones. San Martín construyó, además, un ejército con una raíz muy popular que hacia 1880 cambia por un ejército al servicio de intereses mezquinos, mercantiles.

–Alguna vez declaró que "Diarios de Motocicleta" significó en usted una ratificación ideológica... Mi vieja es licenciada en Arte y se especializó en Arte Precolombino. Siempre en casa estuvo esta visión de pertenencia al continente. Con la película confirmé este concepto de patria grande o abiayala, como dicen los aymaras. Conocí lugares como Chile y Perú. Tomé contacto con situaciones interesantes. Fue una expansión de estas ideas, de confirmar estos sentimientos de pertenencia.

DE TABLONES, GUANTES Y GUITARRAS

–¿Cómo lo vio al director Leandro Ipiña en su ópera prima? Merece un capítulo aparte. Pocas veces vi a un tipo con tanto talento, tanta capacidad de trabajo. Una responsabilidad tan dura para un muchacho que dirigió Revolución con 32 años. Es una pequeña epopeya en su haber. Es como cruzar los Andes.


–¿Qué evaluación hicieron de la obra? El resultado es maravilloso. La película es un objeto cinematográfico extraño. Cruza mucho los géneros, el suspenso, la épica y el western. Tiene una atmósfera extraña, que tiene que ver con la obsesión de Ipiña por la primera mitad del siglo XIX. Él estudió cinco o seis años la vida de San Martín. Estaba a la par de Di Meglio y Trímboli. Desde lo ideológico, desde lo coyuntural, desde lo educativo, desde lo cinematográfico, la película es muy valiosa. Una de las características distinguidas en De la Serna es su capacidad de interpretar una variopinta amalgama de personajes e interpretaciones como actor. No es de los encasillados en TV, cine o teatro. Hace tan sólo unas semanas, finalizó Contra las cuerdas, el unitario que desde Canal 7 contó la vida de un boxeador. "Volver al ritmo televisivo que no hacía durante tanto tiempo, resolver veinte escenas por día, te da una musculatura actoral interesante", reconoce nuestro entrevistado. Junto con los ensayos de teatro, De la Serna está grabando Punteros para Pol-Ka. El título parece audaz para un año electoral, pero él descarta la polémica: "Trata sobre las relaciones humanas, y muestra lo más bajo de la política". Durante cinco años, la Yotivenco fue otra de las facetas multidisciplinarias del artista. "Fue un intento de devolver la pata identitaria a la música popular rioplatense. Esto que la historia siempre le negó: la raíz africana, indígena, que tiene nuestra música. Porque si bien no la portamos en la sangre, la conservamos en el lenguaje, en la idiosincrasia y en los ritmos. Ese sexteto de guitarras y tambores fue lindo. Al final, nos estaba yendo bien. Teníamos nuestros seguidores, estábamos en el Tasso los sábados. Viajamos a México, Brasil, Uruguay", recuerda Rodrigo.

–¿Volvería a hacer música? Me ganó un poco el boxeo. Será difícil volver a mandarme en algo.

–Llegó a un umbral en su trayectoria en el que, supongo, elige en qué trabajar... En cuanto se puede elegir, se elige, pero hay veces que no podés. Necesitás laburar y tenés que agarrar. Podés elegir no laburar, también. Es verdad que hoy tengo un abanico de opciones un poquito más interesantes que hace algunos años. Tras la última respuesta, lo invitamos a sacarle unas fotos. Nos vamos más atrás todavía, donde hay veinte mesas de billar y sólo cuatro personas. Desde allí, podemos trabajar más tranquilos. Bien dispuesto, posa en el piso, sentado en una silla, con las manos hacia delante, con los brazos pegados al cuerpo y de las decenas de maneras que le solicitamos. Mientras, sigue hablando: "Hay un momento en el que San Martín le dice a un sargento a través de mis labios: 'Si usted tiene miedo en algún momento, si su tropa se le dispersa, usted recuérdele por lo que estamos peleando'. 'Sí, cómo no', dice el sargento. '¿Y por qué estamos pelando?', pregunta San Martín. 'Por la libertad', le responde. 'Bueno, pero la libertad puede ser una palabra vacía. Estamos peleando porque es nuestro destino como hombres en este momento particular de la historia. Bello sería no tener que hacerlo'. Ojalá la humanidad llegue a un momento en el que la guerra no sea necesaria. Sobre todo las guerras absurdas que vemos hoy, que tienen intereses comerciales. Esto es lo que pienso de la guerra".

Pablo Bassi 

 
 
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