Proceso de registro

Martiniano Molina - El sueño del pibe

 

Por Marina García

En diálogo con Quid, Martiniano Molina, cuya figura pública recorrió el deporte y las cocinas televisivas, nos muestra una nueva faceta donde el compromiso social marca la diferencia entre cocinar y dar de comer.
 

 

–¿Cómo surge su compromiso social y que ideas lo sostienen? Antes que nada considero que el mundo está muy agredido y los síntomas son un montón, mucha violencia, la injusticia, el hambre, el calentamiento global, la contaminación del medio ambiente; cuestiones que se pueden analizar desde la línea de la educación existente, lo que rige en nuestra medicina, la agricultura, las fuerzas que hoy actúan en distintas actividades. Como yo veo eso claramente, creo que es bueno dar una mano y quien tiene la posibilidad y cierta claridad para darse cuenta de que su trabajo puede ser beneficioso y transformador para otros, sabe que el mundo está abierto a que eso suceda.
 
–¿Por dónde ve la salida de esta situación y cual sería el rol de los chicos en este cambio? Creo que  una de las soluciones a toda esta gran crisis en la que vivimos es resolver la autosustentabilidad que implica generar los propios recursos, el alimento, la energía como propone la agricultura orgánica. En este sentido, las acciones de la Fundación Huerta Niño y otras entidades con las que colaboro que también trabajan en el ámbito de la infancia, hacen que su participación sea muy importante y transformadora para todo el núcleo familiar, ya que esos chicos llevan ideas nuevas a casa e influyen positivamente en familias que quizá ya habían bajado los brazos, eran rehenes del asistencialismo o habían quedado marginados. Esta participación les permite renovar la esperanza y dar un paso adelante, al menos en la tarea de generar su propio alimento.
 
–¿Cómo fue su experiencia infantil con la comida y qué definió su vocación de cocinero? En mi casa éramos una familia típica de clase media argentina, donde el almuerzo y la cena eran el espacio de reunión diario. Hoy eso se ha roto un poco, los medios de comunicación invaden y a veces no tenemos la claridad suficiente para darnos cuenta de que al menos en ese rato está bueno compartir, porque ese espacio aporta también otras realidades, saber qué le pasa al otro. Eso, en mi casa, por suerte no pasaba y me fui metiendo en la cocina como un espacio donde hacer sentir a gusto a la familia y a los amigos, cocinar para ellos. Soy autodidacta, mi formación vino luego con el Gato Dumas, trabajé con él mucho tiempo, me dio un empujón muy grande.Desde  hace algunos años mi tarea está mas volcada al espacio del compromiso social y la responsabilidad de comunicar, tratando de conjugar la realidad del marketing y lo que hay que vender, con el respeto por los valores sociales, del alimento, de la tierra. 
 
–Mencionó que trabaja junto con varias fundaciones, ¿cuáles son y qué tarea realiza con ellas? Acompaño a Huerta Niño hace un poco más de cuatro años. Lo que más necesitaban era difundir lo que hacen y lograr ayuda económica. Me comprometí a hacer cosas con ellos, me encantó lo que hacen con las huertas comunitarias en todo el país y empecé a acompañarlos en eventos, a escribir en su revista, a viajar y conocer las huertas. Desde lo social, trabajo también con Camino Abierto, que es una fundación instalada en Carlos Keen, allí viven veinte chiquitos que venían de situación de calle, judicializados o habían sido víctimas de violencia. Hugo y Susana llevan adelante el proyecto. Trabajar con los chicos es una maravilla, ellos aprenden cocinando y cultivando. Se esfuerzan muchísimo por este proyecto que logró cambiar sus vidas y les permite ser hoy líderes en su comunidad gracias a la formación que reciben. También colaboro con la Fundación Flexer, el 4 de julio tenemos una cena a beneficio en el Sheraton, en septiembre tenemos otra en la sede de Tucumán, donde trabajan muchísimo. Con ellos también participo en los eventos para recaudar fondos y en las tareas de comunicación. Además, acompaño a la fundación internacional Aldeas SOS. Para ellos grabé un comercial y participé de unas gráficas interesantes,
también los acompañé en la creación de una huerta en uno de los hogares, junto a huerteros del lugar.
 
–Todas estas entidades trabajan en el ámbito de la niñez, ¿es algo que le interesa particularmente?
Trabajo hace ya nueve años en un proyecto en Quilmes, donde vivo, para la creación de una escuela Waldorf, que sigue el movimiento de la Antroposofía que está definida como una ciencia espiritual, la cual abarca la educación, la medicina, la agricultura, el arte. En Argentina hay varias escuelas que siguen estos principios integradores del ser humano y proponen una pedagogía bastante interesante, donde la educación los acompaña y los forma respetando sus características integrales y promoviendo una mirada más holística, pero aplicada al mundo real.
 
–Viendo la tarea y el compromiso social que realiza, surge la inquietud que muchas personas plantean respecto de por qué no participan de espacios solidarios por falta de tiempo o recursos, ¿cómo hace para cumplir con su trabajo, su familia y también colaborar con estas causas? Soy un tipo muy activo, de chico era más hiperquinético y hoy cambié eso por actividades y trabajo. Estoy trabajando con Aerolíneas Argentinas, con todo el asesoramiento gastronómico, también con productores orgánicos, un programa nuevo de alimentación que va a estar en canal Encuentro, el compromiso social surge integrado a la vida, no como algo que se hace aparte. Cuando uno da un paso adelante en la conciencia, es difícil volver atrás, uno elige, además porque el examen de conciencia es con vos mismo. Luego eso lo llevás a la práctica y al abrir los ojos percibís que está todo más cerca, que hay una conexión con la sociedad en su conjunto. También como padre me interesa lo que le damos a nuestros hijos, porque los chicos son pura imitación, estar atentos a qué realidad perciben, es muy importante... y eso lo construimos entre todos. 
 
Marina García
 
 
 
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