Proceso de registro

Elizabeth Vernaci - Lo que digo de mí

Con su libro que alcanzó la tercera edición, Kilómetros de Negra (Planeta), Elizabeth Vernaci cuenta anécdotas de su propia vida con una voz más íntima de la que estamos acostumbrados a escuchar. Por Lucila Rolón


Por estos días conduce Negrópolis, de 9 a 13, por la Rock & Pop pero durante diez años se la escuchó al mando de Tarde Negra, el programa con el que se inmortalizó en radio. Durante ese camino, además de transitar la televisión y de ganarse premios importantes como cuatro Martín Fierro, logró algo mucho mejor: la lealtad de los oyentes, ellos saben qué quieren escuchar y por eso la buscan directamente a ella. Elizabeth Vernaci, una chica de Floresta, la tremenda locutora que fue bochada durante su examen de ingreso en el prestigioso ISER porque su voz era “infantil”, ahora se anima a las letras. Kilómetros de Negra es un puñado de anécdotas personales en clave íntima. Muy íntima. Porque sin temor a exponerse, se expone. Los mini relatos se leen a la velocidad de la luz y al ritmo de su propia voz, como si hubiera escondido en el proceso de lectura un conjuro mágico que la hiciera aparecer. Y así se encuentra uno escuchando su pasión por los autos, su pasión por su padre, el campo, las noches, los miedos, los triunfos, todas piezas que descubren algo más sobre el mejor personaje del libro: ella.
–¿Cómo está con el curso propio que tomó su libro? Es la tercera edición... No tengo mucha idea sobre eso porque es la primera vez que hago un libro. Pero se ve que es importante porque, cuando lo comento con otro escritor (todavía no soy una escritora, pero es para resumir) ellos dicen “¡qué bueno!”. Yo no tengo mucha noción. Sé de qué se trata el rating pero esto de los libros, no.
–¿Se preguntó por qué la gente lo elige una y otra vez? ¡Porque es mío! No porque esté bien escrito. Creo que la  ente quiere ver qué onda yo fuera de la radio, o se preguntan “¿cómo esta mina se anima a escribir un libro?”, y se encuentran con algo diferente, con un tono íntimo y más crudo del que uso en la radio.
–Es cierto. ¿Pensó cómo o hasta dónde se iba a exponer contando anécdotas personales? No lo pensé. Salió así… Fue un proceso bastante largo, de nueve meses. Así fui encontrando la forma de cómo contar. Porque una cosa es contar hablando, para lo cual tengo una manera, un sello propio.
Quería contarlo de la misma forma porque por escrito es muy complicado… Soy lectora de cuentos cortos y me molesta mucho cuando no están del todo bien terminaditos, con la frase donde tiene que estar. No quería una frase mal puesta, que es una frase mal dicha. Trabajé mucho en eso y lo pulí. Grabándome, por ejemplo. Como hago en la radio, las historias se empiezan a alimentar de palabras que me van apareciendo mientras relato. Fue tan grande la traba para terminarlo, que me sugirieron que me grabara. Y ahí estaba yo, cada noche, contándole mi vida a nadie. Fue muy lindo: me hizo acordar a cuando le grababa casettes a mi papá, que se había ido a vivir a los Estados Unidos a mis 15 años. Le mandaba cintas con canciones y le contaba todo lo que me había pasado.
–¿Se siente cómoda con el resultado? Sí, porque no me expongo más de lo que quiero.
–¿Qué relación tiene con los libros? Me gusta mucho la literatura, leo desde muy chica. Mi mamá estudiaba Letras, así que tenía una gran biblioteca a la que yo me iba adentrando como si los libros fueran películas porno. El reposo del guerrero, a los 13 años, me resultó tremendamente erótico, o los libros de Arthur Miller. Ahora que hice mi libro, aprendí otras cosas. Nunca entendía lo que me decía Alejandro Dolina: “el proceso de escritura es tan de soledades, tan tortuoso”. Ay, este Negro, cómo le gusta jugar con las palabras, pensaba yo… Y la verdad es que tenía razón: vos no podés llamar a un amigo a las tres de la mañana y decirle: “che, qué te parece, ¿pongo esto o aquello?”.
–Hablando de exposiciones, en estos tiempos de “realities”: ¿por qué cree que la gente se expone así, muestra toda su vida? Porque pareciera ser que no sos reconocido, si no. La mirada del otro no pasa por tus seres queridos sino por la exposición que tengas en los medios. Si te vieron en los medios, sos. Chicas nuevas, con más culo o más tetas, putitas nuevas. Chicos dentro de casas como si fueran ratones contando sus miserias. Miserias que a nadie le interesan. Porque tampoco se trata de exponer por exponer. ¡El anonimato perdió su encanto!
–También pasa en las redes sociales. Yo la sigo en Twitter… ¡Sí! Pero corté un poco el Twitter porque me di cuenta que tiene doble filo: yo jugueteaba... ¡Pero resulta que te levantan los medios! Y vos capaz que escribiste algo en un contexto que no tenía nada que ver con la manera en que se lee después. ¡Son 140 caracteres! Es un juego hasta que toma estado público, como si estuviera diciendo grandes realidades en Internet. Y no creo que se digan grandes realidades en 140 caracteres.
–¿Va a escribir más libros? ¡Empecé a escribir de nuevo! Le encontré el gustito… estaba sola, en casa, mirando una colección de películas en súper 8 que me dejó mi papá. Son de mi infancia, historias familiares… Empecé a escribir lo que veía, a darle forma a eso. Me divertí muchísimo, pero todavía no sé si se va a convertir en un libro o no. Escribir es un descubrimiento personal. Hay que tener valentía, tiempo y ganas de hacerlo.

Por Lucila Rolón

 
 
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