Tiene una trayectoria prestigiosa y variada. Dramaturgo, director y docente, ha formado parte de memorables películas, tiras de televisión y obras de teatro. Talentoso e inclasificable, Norman Briski habló, entre otros temas, sobre No te vayas con amor o sin él, la obra que acaba de reponer en Calibán, la sala que dirige hace más de 25 años.
–¿Cuándo escribió No te vayas con amor o sin él? Escribí la obra en 2009, a partir de la relación de un estudiante con incapacidades corporales que me relató su actividad laboral,personal y familiar.
–¿Cuándo y por qué comenzó a trabajar en la obra con Carolina Molini y Eliana Wassermann, protagonistas de la pieza? Porque ellas eligieron la obra y si los actores eligen la obra tenemos ganada la primera batalla que es el entusiasmo de querer hacerla. Con entusiasmo ahuyentamos cualquier guadaña.
–¿Cuál es su relación con el universo femenino, teniendo en cuenta que este es un trabajo a cargo de dos mujeres? Me une a las mujeres el deseo, mi deseo, lo deseoso, lo sorprendente de lo distinto. El cuerpo que le da sentido al mío. El sinsentido del deseo...
–La relación perturbadora que sostienen los personajes, aunque dramática, cae en situaciones de mucho humor ¿Cómo se sostiene ese equilibrio? No creo que sea necesario buscar el equilibrio porque es el desequilibrio el que produce esa expresividad. El humor es parte de la tragedia.
–¿Qué disfruta más: escribir, dirigir o actuar? En todas esas artesanías disfruto hasta de los sacrificios que implican, casi siempre, llegar a disfrutar de algo. Pero actuar es el lugar más viaje de todos estos juegos mencionados.
–¿Que atractivos y defectos halla en cine, teatro y televisión, habiendo hecho mucho de las tres cosas? Los Amneris Blasco atractivos siempre están fundamentalmente relacionados a cuál va a ser mi intervención y quiénes van a trabajar en esas producciones. Y los defectos son muchos pero diferentes entre una disciplina y la otra. Ocurre algo en particular con el teatro que, por no tener tantas obligaciones mercantiles, tal vez sea el lugar más propicio para la experimentación. Mientras que el cine y la televisión están igualados en estos tiempos por razones tecnológicas, y tienen mayor dependencia con el capital y con los intereses especulativos que esclavizan muchas veces.
–¿Es metódico para trabajar en cine? Eso del método es relativo al trabajo que voy a realizar. Por ejemplo, en una película de Alejandro Agresti en la que laburé con los norteamericanos John Cusack, Paul Hipp y Kevin Morris, la improvisación, la impronta de cómo resolver el tema de dramatizar en otro idioma, fue más cercana a la locura que a alguna metodología sistematizada. Y, en otros casos, la cosa pasa más por aprenderme los momentos del rol, y ahí sí hago más metódico mi trabajo.
–Hace un par de años, usted salió en la tapa de una revista especializada en cannabis ¿qué relación u opinión guarda respecto de la legalización o la despenalización? Pienso que debería despenalizarse y legalizarse, no solamente el uso de esos verdores, sino de tantas otras prohibiciones. Pienso que habría que desarticular, especialmente, aquellas prohibiciones que ofrecen las conocidas religiones y sus instituciones.
–¿Cómo se describiría al momento de formar personas profesionalmente? Como un ayudador, sin creerme que voy a cambiar a alguien. Me considero abnegado para conseguir cambios o mejoramientos.