Proceso de registro

Luis Ortega - Movimiento perpetuo

 Tiene 30 años, tres largometrajes estrenados en su haber y dos más en curso. Su cine ha sido calificado de críptico y simbólico y él dice que a veces “la gente ve cosas complejas o grandes simbolismos porque tiene la necesidad y la necedad de querer comprender rápidamente algo trascendente”. Se declara, además, amante de lo

poético y desestima lo realista como eje de su trabajo. Diálogo con un director hiperactivo que reconoce inspiración en grandes como Cocteau, Tarkovsky, Favio, Fassbinder y Cassavetes, entre otros.

 - Los personajes de ‘Los santos sucios’, su última película, se mueven por una pulsión que no tiene nada que ver con las que rigen el mundo hoy. ¿Cuándo registró, por primera vez, este tipo de individualidad tan desapegada? Por un lado, creo que cualquier devenir es una especie de milagro amalgamado a otro milagro mayor, o que es todo un mismo milagro. Pero cuando llegué a Buenos Aires, a los 15 años, conocí a los actores de Los Santos Sucios, cuando ellos ya habían abandonado a sus familias, sus trabajos y cualquier tipo de vínculo con la civilización. Por ejercer la libertad, la sociedad los castigó quitándoles su amparo. De hecho murieron todos —menos uno— antes de que yo me pusiera a filmar. Y ese uno que no había muerto piró un día antes de que todo comience y por eso terminé actuando yo. Calculo que con el paso del tiempo fueron perdiendo la práctica de colaborar como ciudadanos y recibir un premio a cambio, como los perritos que reciben un huesito por la pirueta... Ya no tenían esa expectativa que todos tenemos al ser parte del mundo. Bueno, ésas son cosas que aprendés de los vagabundos o de los budas, pero que nunca hacés.

- También calificó a esos hombres que lo movieron a filmar esta película como “poetas natos”... Uno busca héroes que se alinean con el verosímil de nuestra derrota personal. Cuando yo conocí, en 1999, a los verdaderos Santos Sucios, todos ya habían decantado en un accionar poético diario, y habían sacrificado a cambio todo lo que un civil puede perder. Ellos fueron obra en su expresión diaria y dejaron en mí esa moral creativa y de no tomarse tan en serio.
 
- ¿Por qué Alejandro Urdapilleta como actor y co–guionista?
Urdapilleta, como todos los demás que actuaron, vino a reemplazar a un muerto y lo pusimos en los créditos porque, en definitiva, fue un trabajo de equipo.
 
- En alguna nota definió ‘Los santos sucios’ como un cuentito para chicos. A mí me suena más a cuentito oriental. Me refiero, salvando las enormes distancias, al relato breve propio del budismo, o del sufismo e incluso de la tradición judía... Sí, fui por la idea de una cosa simple, como un cuento sufi. La gente ve cosas complejas o grandes simbolismos porque tiene la necesidad y la necedad de querer comprender rápidamente algo trascendente. El libro que encuentra el personaje de “Monito” al final de la película es Fragmentos de una enseñanza desconocida, de P. D. Ouspensky. Ese texto es más enloquecedor. Me gustan los cuentos budistas, pero el
planteo de desapego del mundo... No hay nada más lejos de mí que la posibilidad de desapego.
 
- Pero disfruta de las lecturas relacionadas a lo filosófico y lo místico... Sí, con libros como Fragmentos de una enseñanza desconocida sucedió algo muy importante que tiene que ver con descubrir que no existe la realidad, que es todo una cadena de ilusiones e, incluso, que lo que sí puede confirmarse en un plano real, como la muerte, tampoco tiene porque ser exactamente como se dice que es. Lo que pasa, es que la ilusión es fuerte y, en todo caso, es lo único que tenemos.
 
- Terminó esta película teniendo en su haber ‘Monoblock’ y ‘Caja negra’ y está trabajando en dos más ¿Nunca se detiene? Yo no tengo vida por fuera del trabajo porque no se qué hacer... entonces trato de que nunca se corte el devenir de acontecimientos memorables que, para mí, está en trabajar, en la aventura de hacer, ni siquiera en el resultado; si no en que la vida sea algo novelesco o heroico.
 
- ¿De qué se trata ‘Verano maldito’, una de las películas en las que está trabajando ahora? Una buena mujer se va a dormir y cuando se despierta sus hijos no están y comienza a percibir que la vida es un complot de “Algo” que espía hasta que descubre la cámara y lo confirma. Es la adaptación de un cuento de Yukio Mishima [Muerte en el Estío].
 
- ¿Y ‘Dromómanos’, la otra? Un rechazo a la vida de colimba y la confirmación del poema como única realidad. El protagonista dice: “La vida es una colimba. Ya se acabó, se acabó. La primavera no existe, el verano tampoco y el otoño... es un desalojo. ¡Es un verdadero desalojo el otoño!”
 
- Suele oponer lo poético y lo que apela a lo simbólico, versus el cine que pretende representar la realidad como supuestamente es... No me opongo premeditadamente.
Simplemente no creo que sea el lugar del arte extenderse en lo que dice el noticiero, aunque sea encarado con un lenguaje personal y cinematográfico. Creo en la cristalización de las ilusiones personales y en la imposibilidad de crear una moral perdurable para todos, entonces ese realismo parte de un consenso que ni siquiera entiendo.
 
- ¿Hay directores que lo hayan motivado a dirigir? La verdad es que no entendí la individualidad de los directores hasta después de hacer mi primera película. Luego, Cocteau, Tarkovsky, Favio, Fassbinder, Cassavetes, Zuwlasky, Passolini, me hicieron entender el lugar de director, y creo que desde ahí empecé a fallar por una cuestión de conciencia que a veces no favorece a la libertad.
 
- ¿Es lector? ¿Qué libros debería tener la biblioteca soñada? Sí, lo que pasa es que este tipo de pregunta me hace acordar a la falta de efectividad de la literatura en el campo de lo real y a la inutilidad del arte en su intención de perpetuar la vida en algo maravilloso. Creo que los libros eternos caen en manos perdidas y confirman una intuición previa del lector. Aunque la biblioteca puede ser la nada misma.
 
- ¿Cree en Dios? Sí, pero como un farol sin identidad que nos orienta hacia la aventura. La fe no me tranquiliza ni facilita las cosas.
 
 
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