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Becky Albertalli: “La cotidianeidad hace que mi narrativa tome forma”

La narrativa de Becky Albertalli (Atlanta, 1982) se nutre del día a día adolescente para estructurar los procesos identitarios que atraviesa la juventud actual. Sus historias, profundamente marcadas por la presencia de grupos marginados y de alusiones constantes a la cultura pop, se asientan en lugares disímiles pero cotidianos, en donde los outsiders se descubren a sí mismos y al mundo que les rodea. Gracias a la Editorial Puck y a la Embajada de Estados Unidos en Argentina, Becky Albertalli se presentó en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires el pasado 4 de mayo, ante una sala llena y un público más que ansioso por escucharla hablar sobre sus obras, algunas de las cuales ya han llegado al cine o serán objeto de futuras producciones en plataformas online.

–¿Cómo describiría a Becky Albertalli para alguien que todavía no la conoce?

Pienso en mí como una madre de ciudad; tengo dos hijos, por lo que la mayor parte de mi día consiste en llevarlos y traerlos del colegio, hacerme cargo de la casa, hacer las compras… y después está este otro lado de mi vida, en el que puedo ser creativa, viajar, conocer gente, pasar tiempo en sets de filmación. Es mi trabajo soñado y soy muy afortunada de tener estas experiencias, que se tornan surrealistas cuando uno las compara con mi vida diaria.

–Y si bien considera que la vida como escritora es surrealista, sus libros tienden siempre a contar historias del día a día, las vidas de alguien que podría ser cualquiera de nosotros. ¿Cree que es importante el papel de lo rutinario en la literatura juvenil?

No creo que haya un tipo de historia que sea más importante que otra. Puedo defender la importancia de los libros fantásticos, de los románticos, de los trágicos… cada lector necesita algo diferente. Pero personalmente me gusta leer historias de todos los días, me gusta escribir sobre la cotidianeidad, que es el factor que hace que mi narrativa tome forma. El hiperrealismo es muy importante para mí: el personaje que estoy creando tiene que sentirse como una persona verdadera, con sus características y su contexto personal moldeado a la perfección. Es parte de mi proceso y creo que es lo que termina dándole un sentido general al todo.

–¿Considera que parte de este proceso de creación de historias y personajes se centra en la inclusión de pequeños –y no tan pequeños– guiños a la cultura pop, a un cierto contexto cultural en el cual los personajes se desenvuelven?

Totalmente. Sé que muchas veces incluir elementos relacionados con la cultura pop es controversial, por decirlo de algún modo. Los lectores los aman o los detestan. Me han dicho que las referencias culturales envejecen demasiado rápido, y que hacen que la historia pierda relevancia con el paso del tiempo. Pero creo que me siento cómoda con eso. Mis novelas son como una fotografía de un momento determinado. Y cuando una escribe sobre adolescentes, y más sobre adolescentes que pertenecen, en su mayoría, a la colectividad LGBTQ+, hay algunos detalles sobre la vida diaria que se mueven constantemente. Vivimos en un mundo en cambio: ciertos factores políticos, culturales y tecnológicos entran en juego y modifican la realidad. Y me siento muy cómoda involucrándome en eso. No me importa si mis libros se sienten muy 2016, por ejemplo. Si eso pasa porque mi libro se sitúa en el 2016, entonces estoy contenta con el resultado.

–Mencionó que nos encontramos en un momento en el que el cambio político es un factor importante en el día a día. Su próximo libro, tengo entendido, se concentrará justamente alrededor del mundo de la política. ¿Puede contarnos algo al respecto?

¡Estoy muy emocionada de poder hablar de esto! Mi próxima novela va a ser en colaboración con mi amiga Aisha Saeed, conocida por su libro Amal Unbound, y será una especie de comedia romántica llamada Yes, no, maybe, so. Es un libro muy especial para nosotras, en el cual hemos trabajado en secreto por un largo tiempo. Es acerca de un joven judío y una chica musulmana que se reencuentran, después de compartir una amistad durante su niñez, debido a que sus respectivas madres les obligan a colaborar en las elecciones locales. La historia tiene lugar en Atlanta, que es donde Aisha y yo vivimos, y está basada en una elección real que se dio en nuestro distrito en el año 2017. Cambiamos un par de cosas, como los nombres de los candidatos, por supuesto, pero será algo muy reconocible para cualquiera que esté familiarizado con esa elección. La gente que nos conoce y que participó de ese evento va a estar muy sorprendida, es casi como si no hubiéramos tenido vergüenza, pero ha sido una experiencia catártica para nosotros. En particular porque amamos y nos compenetramos mucho con nuestros personajes. Yo escribo al chico, Jamie, cuya ascendencia judía me llevó a explorar en profundidad ese aspecto de mi propia identidad. Soy judía, crecí yendo a la escuela hebrea y a escuelas dominicales. Y si bien no profeso el judaísmo tanto como lo hice anteriormente, ha sido divertido revisitar mi propio pasado, mi niñez y mi adolescencia, ya que es algo que no he podido hacer demasiado en mis otros libros. Aisha escribe sobre Maya, una chica que, como ella, es musulmana, lo que nos pone a dos personajes que van a ir a prendiendo de la cultura del otro, navegando una amistad transcultural que se funde con los aspectos políticos del libro.

–Personajes que profesan otras religiones, miembros de la comunidad LGBTQ+, jóvenes con cuerpos no hegemónicos: sus creaciones siempre apuntan a grupos marginalizados que se enfrentan a la opresión y a la discriminación. ¿Piensa que la literatura juvenil contemporánea se ha convertido en el lugar de representación de lo que sucede con estos grupos en el mundo real?

Adoro que la literatura juvenil aborde esos temas. Claramente creo que no es el único lugar donde deben ser tratados: me gustaría ver todavía mayor representación para estos grupos en el cine y la televisión, por ejemplo. A grandes rasgos creo que el progreso que hemos logrado en los últimos años es enorme, pero aún hay mucho más para decir, aún hay comunidades poco representadas y experiencias que todavía no han sido contadas, sobre todo si nos atenemos a identidades complejas que se encuentren marginalizadas desde más de una dirección. Y si bien intento enriquecer mis libros con tramas que den cuenta de estas historias, a veces no me siento en el lugar adecuado para hacerlo. En ocasiones me tengo que contener para asegurarme de que mis lectores se sientan bienvenidos y representados, pero sin correr el riesgo de cometer errores en la representación de alguna de sus propias experiencias.