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Andrés Calamaro: “El concepto de álbum es irrompible”

La grabación del último disco de Andrés Calamaro (Buenos Aires, 1961) coincidió con los cuarenta años de la primera que hizo en su vida como músico profesional. Con apenas 17, el joven tecladista se adentró al estudio con Raíces, aquel grupo de candombe y rock que lideraba Beto Satragni a fines de los 70. Después, la historia es conocida: le siguieron dos bandas exitosísimas, Los Abuelos De La Nada en los 80 y Los Rodríguez en los 90, y, entremedio de ambas, empezó a pavimentar una carrera solista que le sigue marcando los pasos hasta hoy. Cargar la suerte (así se llama su flamante material) es una excusa perfecta para mirarse al espejo y ver dónde está parado. El Calamaro del siglo XXI, además de ser un clásico dentro del rock argentino, lo tiene como un artista atento a las nuevas tendencias, un presentador de radio en FM La Patriada, un editor de una revista literaria (Nervio), un detractor de Spotify y un twittero feroz, que polemiza sobre feminismo, política o maltrato animal bajo el seudónimo de @bradpittbull666. En su vida privada se mueve como un “misántropo houellebecquiano” (como se autodefine) que lee y escucha música todo el día, entrena, practica boxeo, compone, cocina, bebe y disfruta de estar solo. “Pude traspasar la frontera de los ‘separados melancólicos’ para instalarme en una soledad dinámica e interesante”, reconoce. “Esta soledad era impensable en los años 80 y 90, pero los cambios comunicacionales y culturales permiten un aislamiento ocioso”.

–“El arte de grabar discos es una ciencia antigua”, dijo en una entrevista reciente. ¿Cree que el concepto de “álbum” ya es algo obsoleto? ¿Cuánto influye Spotify en todo esto?

El concepto de álbum es irrompible. Es la reverencia a la música. De día escucho discos (a veces, incluso, el mismo disco por varios días) pero de noche me gusta armar listas para presentar en la radio. Lo malo de Spotify no es el sonido, ni mucho menos la comodidad; es un sistema económico muy injusto con los creadores, es el liberalismo desatado, la usura. El viejo capitalismo tenía como pilares culturales de la industria a los automóviles, el cine y la música. Ahora vivimos una revolución silenciosa y un estallido tecnológico con consecuencias.

–¿Es más consciente a la hora de escribir letras en estos años donde el feminismo marca la agenda y hay cosas que ya no se pueden cantar (como “Si te agarro con otro, te mato” de Cacho Castaña e “Ingrata” de Café Tacvba, entre otras)?

Son excesos porque la letra de una canción, como un cuadro, no tiene que ajustarse a la ley, ni a la moral. Sí concedo que mi propio repertorio construye un patriarcado cultural “sensible” porque la mitad de mis canciones son un escenario de narcisismo de macho herido. Todo se puede cantar y todo se puede escribir. El código penal contempla la “incitación al odio” como delictivo, pero hay que cuidar la retaguardia de la cultura y las últimas trincheras de lo auténtico.

–¿Vamos hacia un rock feminista?

Sí. En el último disco hay diez canciones que no hablan de relaciones heterosexuales, son más reflexivas, contemplativas o militantes. Creo que voy a cambiar la orientación de mis textos hacia un escenario menos heterosexual. Yo fui educado como feminista en una familia donde las mujeres son luchadoras y profesionales, muy sacrificadas y geniales. No tengo ese conflicto. El rock de varones ya existe, nunca va a ser antiguo, como existen las divas y las intérpretes geniales. Estoy de acuerdo en adoptar la fuerza genital femenina y reconocerla como “el alma”. El patriarcado es cultural, la naturaleza es un matriarcado poderoso, la regla pone al día la capacidad reproductora de las mujeres y el mundo existe.

–¿Cómo se lleva con el lenguaje inclusivo?

El lenguaje siempre cambia, pero no hace falta cambiarlo todo de golpe. El castellano es inclusivo como está. Lo importante es más amor; una mentalidad diferente, sin abusos, sin crueldad, sin vivir infiernos domésticos. Sigo aprendiendo a escribir mejor. No me parece importante el detalle del lenguaje inclusivo.

–¿Qué le pareció el libro de Walter Lezcano sobre usted (Días distintos) y cómo considera que hagan retrospectivas suyas, sean libros, documentales o especiales de televisión?

El libro de Walter es diferente porque es un ensayo. Walter no escribe periodismo novelado y sabe distinguir las novelas del ensayo. Entonces es literatura específica: ensayo. Plantea un teorema: que las casi doscienta canciones –grabadas y publicadas entre 1997 y el 2000– son un espejo de aquella realidad social y política en Argentina. Tampoco hay que adherir a la teoría de Walter, pero es un libro serio, por eso está gustando tanto.

–¿Qué está leyendo últimamente?

Ayer volví a leer la conferencia de García Lorca en Buenos Aires, Juego y teoría del duende. Es una locura. También estoy leyendo El arte de la rivalidad, un ensayo sobre relaciones peculiares entre pintores artistas. Y la crónica de Frank Sinatra en Argentina (Operación Sinatra) de Diego Mancusi y Sebastián Grandi. Asimismo, me estoy documentando mucho para un libro que estamos escribiendo a ocho manos.

–Escucha y difunde bandas nuevas como Los Espíritus, Bándalos Chinos y El Perrodiablo. ¿Qué encuentra en todos ellos que ya no ve en los colegas de su generación?

Cuando empecé a tocar, los músicos anteriores me recibieron con amistad y dulzura: Beto (Satragni), Miguel (Abuelo), El Vasco (Bazterrica), Charly (García), Vox Dei, Luis (Spinetta), Pappo, (Miguel) Cantilo, David (Lebón)… Ellos me recibieron como a un amigo y ese, quizás, haya sido mi mejor éxito. Ocurre con los músicos que no todos escuchan música. Las generaciones son tiempo y vida. Mi generación fue hedonista, pero también comprometida. El talento genuino no tiene edad. Admiro mucho a los artistas. La escena actual, pensando en los artistas que me mencionás, saben lo que quieren y saben lo que no quieren. Respeto mucho esa virtud.

–¿Qué piensa del fenómeno del trap, tan de moda en los últimos años, con exponentes como Duki, Bad Bunny y Paulo Londra?

Me gustan Wos, Duki, Rosalia y C. Tangana. Grabé con Kase.O: hace años nos escuchábamos y nos encontramos en Madrid. Siempre escuché mucho hip hop y sigo escuchando artistas grandes. Yo apenas escribo rimas y las canto como puedo. El que escribe de verdad es René Pérez. Residente es el eje del bien. No es de este planeta.

–¿Cómo vivió su última temporada de radio en FM La Patriada y cómo piensa encarar la próxima?

Muy bien. Compartimos la noche con Indio (Solari), Marcelo (Figueras) y (Pablo) Ramos. Estudio mucho presentando música en radio; hago una hora por día, seis veces por semana y pienso seguir haciéndolo.

–Leí de un posible disco de duetos en el futuro, ¿con quién le faltaría cantar de sus grandes ídolos?

Con Willie Nelson. No todos mis amigos pudieron grabar y siento que faltan, pero los que cantaron se volcaron con amor genuino y mucha generosidad. Es un acto de respeto y gratitud. El disco está grabado, casi terminado. Lo interrumpimos para hacer Cargar la suerte, pero estamos con esa producción hace más de dos años.

–Ya pasaron dos años también de sus últimos shows en Buenos Aires, en el teatro Gran Rex. ¿Extraña los escenarios porteños?

Extraño a los que ya no están, a los amigos ausentes que faltan. Pero no extraño los escenarios porque sé que voy a volver. La ansiedad nerviosa no se cura nunca. Casi todos los cantantes sufrimos las giras, por miedo a no resultar excelentes o por pereza. Bueno, sí: extraño. Lo que pasa es que me gusta la vida sedentaria y sin sobresaltos, algo que es improbable. Me gusta ensayar una gira con mis compañeros y tocar por la gente que nos quiere escuchar. Es mi deber.

–Este 2019 se cumplen veinte años de la salida de Honestidad brutal. ¿Le dice algo ese aniversario redondo? ¿Planea algún festejo especial?

Sí, me gustaría reconstruir los créditos canción por canción, para una eventual reedición. En aquel momento no quise acreditar los músicos porque yo toco muchos instrumentos y no quise presumir. Me gustaría publicar las letras y los créditos de todas las canciones, pero tenemos un disco nuevo y los duetos están casi terminados. Honestidad brutal es un disco importante, es imposible grabarlo dos veces. Le concedo toda la importancia que tiene. En España hay un antes y un después de ese álbum. Fueron nueve meses grabando en condiciones extremas. Con aquel álbum me puse a la par de los artistas, boxeadores, asaltantes y toreros.

–Si hoy se encontrara con el Andrés Calamaro que hace cuarenta años estaba grabando con Raíces, ¿qué le diría?

Que espere más tiempo antes de grabar sus discos. Que hay que practicar más, ser más vanguardista, minimalista y excesivo. No casarse para no divorciarse. Que tenga un poco más de compromiso.