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Daniel López Rosetti: La felicidad como telón de fondo

“Yo no soy tan inteligente, a mí me cuesta entender”, así se presenta Daniel López Rosetti (Buenos Aires, 1957), autor de libros como Historia clínica (Planeta, 2011), Historia clínica 2 (Planeta, 2014) y Emoción y sentimientos (Planeta, 2017), entre otros. Con esta frase no quiere pecar de falsa modestia sino encontrar la razón de su tan característica facilidad para enseñar: “Como a mí me cuesta entender, una vez que entiendo lo puedo explicar fácilmente y con ejemplos simples”. Esto puede comprobarse tanto en sus columnas mediáticas en Radio Mitre y Telefé Noticias como en sus libros que son clases, y en sus clases que podrían convertirse en libros. Además, claro, en el Hospital Central Municipal de San Isidro, donde se desempeña como Jefe del Servicio de Medicina del Estrés. La pasión por la enseñanza, por escribir y por generar conocimiento útil también se refleja en su último libro Equilibrio. Cómo pensamos, cómo sentimos, cómo decidimos, en el que nos abre las puertas a nosotros mismos, porque como él mismo plantea “muchas veces es en nuestro interior donde están las respuestas”.

–Teniendo en cuenta que “somos las decisiones que tomamos”, ¿qué decisiones tuvo que tomar para escribir Equilibrio….?

Es cierto que somos nuestras decisiones, pero la mayoría de ellas son inconscientes. Decidimos todo el día, ahora te estás tocando la mano y estás decidiendo tocarte la mano pero antes a lo mejor pensabas la pregunta para hacerme. Pero en realidad la mayoría de nuestras decisiones son automáticas, intuitivas, y realizadas de forma prácticamente inconsciente. Pocas veces uno dice “voy a tomar una decisión meditada” e incluso cuando eso sucede, aunque tengamos dos razones, es probable que la emoción decida por alguna de las dos, con lo cual es importante el equilibrio entre razón y emoción. Ahora, si la pregunta es cómo decidí escribir esto, la respuesta es que no estoy seguro de que lo haya decidido, por este mismo motivo. En realidad el día que presentamos el último libro, Emoción y sentimientos, en la Feria del Libro, después de la firma fui a comer algo para festejar y ahí salió el nombre de este. Es como un continuo. Yo no siento que “voy a construir algo”, es parte continua de la actividad del pensamiento que uno tiene, es parte de lo cotidiano. Lo que uno tiene que hacer después es programar cómo llevarlo adelante, cómo comunicarlo, construir el esqueleto del trabajo, encontrarle la vuelta. Y la vuelta siempre la encuentro en que yo escribo con tinta, la mayor parte del tiempo, porque me gusta cargar la tinta con tintero. Es algo que disfruto y, en relación a eso, como los que se encuentran con el papel vacío, yo me imagino lo que puede haber en dos o tres mililitros de tinta. Para mí eso es una responsabilidad. Lo que siento es que le tengo que encontrar la vuelta para que la idea inicial adquiera sentido. Así ocurrió con este nuevo libro. Por eso en el primer capítulo se relaciona razón y emoción como un falso conflicto porque cuando uno investiga llega a notar que la razón es fuertemente un emergente cultural occidental griego, cuando se pasa de la mitología al conocimiento aparece la razón, y en el mismo momento Siddhartha Gautama, cuando se convierte en Buda, busca la solución a un sentimiento, a una emoción que es el sufrimiento. Y ahí uno encuentra la dicotomía entre Occidente y Oriente que hoy convergen claramente. Entonces, si la pregunta es cómo decido hacerlo, no sé si lo decido.

–Es en relación con esto que podemos pensar que no somos seres racionales sino seres emocionales que razonan.

Ahí es cuando le encuentro una idea a una frase que puede sintetizar una línea de pensamiento. Uno sabe, por lo que trabaja o por la facultad, que la historia evolutiva del ser humano es de millones de años y tenemos emociones y sentimientos desde el comienzo pero que solamente al final se desarrolla la razón. La razón es una novedad evolutiva. ¿Cómo traduzco esto? ¿Cómo digo que empezamos hace cuatro millones de años pero que pensamos hace cincuenta o setenta mil años nada más? Planteando que no somos seres racionales, somos seres emocionales que razonan. Entonces ahí es cuando le encuentro el sentido a lo que quiero transmitir. Eso de Emoción y sentimientos extendido a esta continuidad que es Equilibrio me hace pensar entonces que somos seres emocionales que toman decisiones. Por eso es tan importante la decisión. Todos conocemos el nombre de nuestros padres, de nuestros abuelos y algunos conocerán el nombre del tatarabuelo, pero el primer tatarabuelo de todos nosotros era una bacteria y la bacteria ya tenía emoción, del latín emovere. La bacteria se movía si hacía frío o si necesitaba comida. Lo que pasó luego en la evolución es que a eso se le agregó el sistema nervioso y unió todo funcionalmente. Pero la razón es una contingencia casi caprichosa de la emoción. Somos básicamente emocionales.

–Al pensar en el plano consciente se ponen en juego las opciones que cada uno tiene para tomar decisiones “correctas” y en ese punto es importante el conocimiento. ¿Se pueden concebir este libro como un “manual del usuario”?

Esa noción de manual del usuario es algo que siempre tengo presente porque uno aprende a los golpes. El hecho central de la pregunta que hacés es cómo tomar decisiones correctas, y eso está bien porque hay que aprender a tomar decisiones. Las decisiones correctas se toman con la experiencia, pero la experiencia se gana tomando decisiones incorrectas. Es decir uno va aprendiendo de los errores, va aprendiendo de manera tal que en un momento desarrolla un conocimiento. La experiencia es el fruto de los errores cometidos, sobre todo si esos errores llevan concatenados la existencia de dolor. Solo se aprende en el sufrimiento. Pero eso es algo que uno tiene que hacer intencionalmente. Y en ese sentido la idea de “manual del usuario” se plantea como un camino de autoconocimiento. Cuando uno compra un electrodoméstico viene con un manual del usuario, en cambio nosotros no, funcionamos espontáneamente, de hecho los ojos miran para fuera, no miran para dentro. Es fácil describir a un tercero, pero describirse a uno mismo es más difícil. Y eso es lo que aporta la inteligencia emocional y la intención de buscar en sí mismo para encontrar respuestas.

–Una palabra que resuena casi tanto o más que “equilibrio” es “felicidad”. ¿Qué podría decir al respecto?

El último capítulo es eso: equilibrio y bienestar. Utilizo la palabra “bienestar” porque técnicamente en medicina se dice “bienestar subjetivo percibido” pero cotidianamente podemos decir “felicidad”. Lo que pasa es que la felicidad tiene una connotación popular como algo imposible de alcanzar y la verdad es que no es así. El primer punto es entender qué es la felicidad, para conceptualizar el término y determinar si es posible o no es posible. Las personas dicen “la felicidad no existe, solamente hay un momento”. No es cierto, los momentos pueden llamarse “alegría”, la felicidad es un telón de fondo. La felicidad es un lienzo que permite que pintes toda la paleta de emociones y razones a lo largo de tu vida. Pero resulta evidente que las personas buscan el bienestar, de distinto modo, con distintos perfiles porque somos todos diferentes. Pero yo lo veo en el hospital, sobre todo porque trabajo en el servicio de medicina del estrés del Hospital de San Isidro, y nos toca ver muchas personas, con distintas enfermedades o patologías. Vos podés decir qué determina una patología o una enfermedad porque tiene características que son distintivas, pero ¿qué tienen en común? Que todos sufren. El común denominador de la enfermedad es el sufrimiento, y en ese sentido el sufrimiento es tan común que no solamente se encuentra encapsulado en una enfermedad médica que se encuentra en los libros como infarto o cáncer. El sufrimiento es el común denominador de la mayoría de las personas. Y en general una persona es feliz, entendiendo como felicidad ese telón de fondo sostenido en el tiempo en el que se inscribe una serie de emociones predominantemente positivas, cuando se dan dos condiciones: cuando se ama y cuando se trabaja. Las personas que tienen amor, en el más amplio sentido de la palabra, y que tienen un trabajo que los constituye como tales, son casi siempre personas que se manifiestan felices. Quieren y son queridos, y tienen proyectos o algo para hacer que disfrutan. A muchas de las personas que uno no ve bien, alguna de las dos cosas o las dos cosas le faltan.

–¿Cómo hizo para equilibrar en este libro los saberes médicos con las referencias culturales e históricas que se incluyen?

Esas referencias me clarifican el pensamiento. Mi intención cuando digo “manual del usuario” es que sirva. Yo siempre digo que tengo dos grandes consultorios médicos, uno es Radio Mitre y otro es Telefé. Para mí son consultorios. Yo le hablo al micrófono o a la cámara del mismo modo que lo hago en el hospital. La ventaja es que del otro lado hay muchas personas. Pero siempre trato de que lo que digo sea de utilidad. Y eso tiene que ver con la elección de los temas. Nunca elijo temas muy chiquititos. Elijo temas muy amplios pensando que siempre a alguien que esté del otro lado le tiene que ser útil. Y si el tema es muy chiquitito, porque es una novedad científica de muy poca relevancia la relaciono con la historia o con la filosofía para que abra la cabeza. Entonces si tengo que hablar de antibióticos aprovecho para contar que hace cinco mil años los egipcios se ponían sobre las heridas pan enmohecido y se curaban, porque en el moho ese había penicilina, pero tuvimos que esperar a Sir Alexander Fleming para saber que de ahí se saca la penicilina. Entonces, a lo mejor, la idea inicial era muy chica pero uno deja algo que de algún modo resulta interesante, algún tipo de aprendizaje. En el libro planteo la diferencia entre memoria y aprendizaje. Memoria es memorizar, aprendizaje es implementar cambios de conducta a través de la memoria. Y eso es lo que trato de hacer.