fbpx

Iván Noble: “Estaba cansado de mis propias canciones”

Pasados los 50 años, Iván Noble (Buenos Aires, 1968) ya tiene más trayecto como solista que con Los Caballeros de la Quema, la banda que lo catapultó al éxito a fines de los 90 con “Avanti Morocha”. De ahí que pueda darse el lujo de correrse de su lugar de compositor y explorar una nueva faceta como intérprete.

“Estaba cansado de mis propias canciones y está bien que así sea; es una práctica de higiene y profilaxis personal”, confiesa sobre este flamante material llamado Mujer & Ego, que presenta el 7 de diciembre en el Teatro Ópera. “Hay un momento en esta carrera donde no está mal parar la pelota, desensillar hasta que aclare y ver qué tipo de canción tenés ganas de hacer de acá en adelante. Yo podría haber puesto piloto automático y encerrarme dos meses, usando el oficio que ya tengo, para hacer diez canciones y un disco nuevo, pero sentía que no me salían”.

−¿Había un bloqueo?

Un hartazgo, te diría. A mí me parece que todos los tipos que escriben canciones tienen un momento en que se muerden la cola y ahí seguís para adelante o decidís parar. Tampoco el planeta necesita canciones mías. Podría no hacer más canciones nuevas de nadie y el planeta seguiría caminando igual, con la misma belleza que ya hay.

−¿Cuánto tuvo que ver el clima de época para elegir el repertorio? 

Debe haber influido en algo, seguro, creo que todos caminamos por ese debate con el oído mucho más atento y con la cabeza aggiornada lo más posible, pero no es un disco de homenaje al feminismo. Concuerdo con algunas cosas y,con otras, no tanto. Si hubiera hecho un disco con pañuelo verde en la tapa me parecería sobreactuado, tribunero y desfasado.Yo soy un tipo de 50 años que escucha con mucha atención el ruido de la época y busca ser más elegante de lo que fue en esos asuntos, pero trato de desmalezar. Es momento de estar atento y ver hasta dónde uno puede revisar torpezas.

−¿Cuál fue el criterio de selección?

Elegí todas canciones que envidio. De hecho, en algún momento se iba a llamar así. Algunas las conocía mucho y las cantaba en secreto, como la de Shakira (“Moscas en la casa”). La de Rosana (“Si tú no estás aquí”) me acuerdo de tener 30 años, estar en la cúspide de Caballeros de la Quema y gozar secretamente de esa canción. Si me apurás, lo que tienen en común es que son canciones hermosas y sencillas. No son dos atributos que sean fáciles de encontrar.

−¿Cuál fue la que más le costó? Imagino que los falsetes de “Si tú no estás aquí” no se lograron sencillamente…

Esa, sin dudas. ¡Estuve a punto de renunciar! Lo más difícil fue ver de qué manera ponerle mi impronta
personal sin patear todo el decorado de la canción. Esa cosa supuestamente disruptiva de cambiar toda la canción y hacer una cosa distinta no me interesa. Casi todas las canciones podrían decirse que tienen la impronta de alguien que viene de cantar rock, algunas más logradas que otras. Ricardo Iorio hizo una canción de Roxette, ¿no? Tampoco es algo heroico lo mío. Creo que en esta época los prejuicios se derriten rápidamente, ya no tienen mucho lugar.

−Hablando de estos tiempos, subió a Twitter un video con el nuevo CD en la mano y la palabra “arqueología”. ¿Cómo se lleva con los nuevos hábitos de consumir música, viniendo de una época distinta?

Hasta último momento no sabía si iba a salir en CD o no este disco, y me daba lo mismo. Ya no tengo ese apego. Hace unos años tenía una mirada más fatalista sobre el mundo digital y la música, pero ahora me acomodé: no tiene ningún sentido ir contra eso. Era más lindo juntarse a escuchar un disco con amigos, pero eso sucedió hace cuarenta años. No hay forma de que trate de explicarles a mi hijo y sus amigos que eso era hermoso y lo que hacen ellos ahora, no. ¿Quién soy? De última, lo que sobreviven son las canciones en cualquier formato y, además, es más cómodo tener en tu teléfono toda la discografía de los Beatles.

−El trap es otro signo de estos tiempos. Hace poco fue a una batalla de freestyle con su hijo, ¿qué piensa de este género tan en auge?

Evidentemente, es algo muy interesante y muy popular entre los jóvenes. Encontraron algo del pulso de época que para mí antes lo tenía el rock y ahora no. Son muy astutos rimando, pero como son pibes de 20 años, tienen menos formación literaria y, a primera vista, hay menos contenido ahí. Algunos empiezan a correrse de la cosa estrictamente freestyle, como este pibe Wos, que hace canciones y hay que ver en qué deriva eso. Tienen 20 años, tampoco se les puede exigir tanto. Yo vengo del rock y la vara del rock es alta. Si uno piensa lo que hicieron Luis Alberto Spinetta, Charly García, Fito Páez y Moris a esa edad, es mucha desventaja.

−Conduce programas en radio y televisión, ¿cómo combina esa faceta con la de músico?

Me gusta hacer radio y me gusta el género entrevista. Lo de Proyecto Alma (Canal Á) fueron doce entrevistas a gente con la que fue muy lindo charlar, desde Dolina (mi favorita) hasta mi exmujer, Julieta Ortega, pasando por David Lebón y Pedro Aznar. Me gusta entrevistar y me gusta cada vez menos ser entrevistado. Trato de usar mi experiencia a favor y que la entrevista se transforme en una charla de vermú. En la radio (Cuánto cuesta este capricho, Nacional Rock) paso la música que me gusta escuchar en casa y a veces leo poemas. Ahora estoy haciendo para TNT Sports algunas entrevistas sobre fútbol y música.

−¿Cómo quedó su relación con Los Caballeros de la Quema después del regreso? ¿Hay posibilidad de más shows?

Hicimos tres shows en los últimos dos años y medio. Lo que logramos fue sanar absolutamente querellas
personales y malhumores musicales, casi desde el primer show. En los tres la fórmula fue muy simple: borrón, cuenta nueva y a enfocarse en ese recital en particular, haciendo un laburo intenso de tres o cuatro semanas de ensayo, terminar de tocar, darnos un abrazo e irnos. Son como encuentros con amantes. No vamos a ser una banda en actividad permanente, pero sí podemos juntarnos cuando aparezcan oportunidades relámpago que estén buenas. Nuestro modelo a seguir son Los Fabulosos Cadillacs, que se juntan cuando se les da la gana.

−¿Y de grabar material nuevo?

No un disco, pero quizás alguna canción nueva, para una ocasión especial podría ser. En la actualidad la gente consume canciones sueltas, algo que antes me consternaba un poco, pero ahora me parece que está bien también. ¿Por qué no? Tampoco hay tanto para decir a esta altura del partido. Hemos visto a los compositores más brillantes, como Bob Dylan, haciendo tres discos seguidos de covers americanos. Ya está, ¿qué más podemos pedirles? ¿Qué
más podemos esperar de Charly García, Woody Allen y Roman Polanski? Hay momentos en el ciclo vital de los
artistas donde casi inevitablemente lo mejor ya pasó.

−¿Tiene canciones de corte social escritas en los 90 cuyo mensaje todavía tenga vigencia?

Sí, se notó mucho con el público de Caballeros en temas como “Rajá rata” y “Primavera negra”. Lamento muchísimo que todavía estén vigentes. Lo vi mucho en el show del estadio Malvinas Argentinas. Son canciones
que la gente usa como catarsis. Quizás el mayor mérito de las bandas de los 90 haya sido el de ser cronistas de una
época. Las canciones de los 90 están lejos de la calidad artística de los 80 (difícil comparar una de Los Caballeros, Los Piojos o La Renga con una de Serú Girán) pero tenían la pulsión de contar qué estaba pasando en la calle.

−¿Cómo le afecta la coyuntura política en sus giras?

En épocas de derrumbe socio económico lo primero que la gente recorta son los gastos superfluos, como ir al cine, a comer y a shows. Siendo solista, yo tengo una estructura adaptable (puedo tocar solo o con la banda), en ese sentido soy anfibio. No dejé de tocar, y me sigue yendo bien, pero tuve que adaptarme. No me puedo quejar, porque la realidad más cruda la sufre la gente de a pie. Yo me puedo tomar un vino, con plata que me gané haciendo canciones, pero eso no me impide ver lo que pasa a quince centímetros alrededor mío. Es una época nefasta para el país y de mucha desolación social. Hemos salido de situaciones parecidas: veremos qué pasa.