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Jimena La Torre: “Somos nosotros los que cambiamos las cosas”

Jimena La Torre (Buenos Aires, 1968) es reconocida por varias razones: su sapiencia esotérica; su taqiyah, el gorro musulmán que se calza hace dos décadas; sus libros de predicciones (muy pronto, el de 2020); su escuela, con sedes acá y allá, y sus frecuentes apariciones televisivas donde los conductores de la tarde le preguntan por el futuro de las cuestiones más variadas. Ahora, para el que quiera asomarse al trabajo de La Torre y saber cómo llegó a esas conclusiones, Grijalbo –sello de Penguin Random House– da un paso más allá y lanza Manual astral del siglo XXI. Curso de astrología, donde la autora comparte información básica (planetas personales, ascendentes, casas, decanatos…) y avanzada (cómo sortear el karma, nada menos). Para ir a fondo, habrá que partir de una carta astral que puede calcularse en cantidad de sitios gratuitos de Internet, siempre y cuando se disponga de la fecha de nacimiento, la hora y la ciudad. En el libro esperan dos definiciones de carta astral: “El conjunto de herramientas astrales que se unen y forman un mandala único de energía que vibra por sí mismo” y “el mapa del cielo en el momento de tu nacimiento”. Con ese mapa astral en mano, ya es posible abrir el manual y empezar a indagar en la personalidad (Sol, Luna, ascendente).

El lector que prefiera mirar desde la costa, en tanto, podrá consultar información más universal, que va desde fórmulas para hechizos (para el amor, el trabajo, el dinero, el éxito, la voluntad…) hasta tips para entenderse con la Luna y aprovechar sus energías en cada fase (renovarse en Luna nueva; reparar y cerrar capítulos en Luna menguante, por ejemplo). En fin, todo lo que hizo a La Torre famosa entre famosos. “No es mi intención ser la astróloga ni la tarotista de los famosos, pero me ha pasado”, explica. La racha mediática empezó en 2005, cuando la convocaron de urgencia para sumarse al programa televisivo celestino 12 Corazones teen. Y, desde su primer libro de predicciones, prólogos y otros textos están firmados tanto por gente del mundo astrológico como por actores (Cecilia Milone, Carolina Papaleo, Verónica Varano, Jey Mammón); periodistas (Toti Pasman, Gisela Marziotta); un dramaturgo (José María Muscari); una escritora de novela histórico-romántica (Gabriela Exilart) y personajes “tinellianos” (Marcela Feudale, Larry de Clay).

-¿Qué se están perdiendo los escépticos de la astrología al estilo de la Tana Ferro, encarnada por Valeria Bertuccelli en la película Un novio para mi mujer? (La que se burla del asunto en una fiesta).

No soy muy de explicar qué es la astrología ni para qué sirve. El que quiera creer, que crea. No es una ley divina. Para los que sí estamos interesados en el tema, se trata de una matemática, un arte adivinatorio, una forma de creer, una forma de vida. Para mí es muy importante la astrología, tiene tantos componentes y tantos temas para trabajar desde chicos… Al saber dónde cada persona tiene Mercurio, Marte y Venus, por ejemplo, se le pueden decir tantas cosas: “Si tu destino está por acá, ¿por qué cuando aparece ese camino decís que no? Aprovechalo”. Entender por qué hay gente que no ha tenido hijos, aunque era algo que anhelaba. Las compatibilidades: con quién no y con quién sí. Y muchísimas cosas más. Esta es la astrología que se usa en el mundo moderno occidental, la astrología tropical. Y, desde la astrología antigua, se hizo un camino muy largo para llegar a esto.

–Un camino de milenios, por lo menos desde las antiguas culturas mesopotámicas.

En la antigüedad se veía apenitas un movimiento de siete estrellas que terminaron siendo los planetas; de ahí surgió la astronomía. Después de creer toda la vida que vivíamos en un mundo plano y el Sol y la Luna pasaban por encima nuestro, no tan de repente se reveló que la Tierra era redonda y todo giraba a nuestro alrededor, algo que en realidad se mantuvo oculto durante siglos: Colón lo dijo en el siglo XV, pero los antiguos griegos ya lo sabían. Entonces, al reconocernos parte del Sistema Solar (y ya no mirando desde abajo), esos planetas –que eran dioses– también pasaron a ser parte nuestra. ¿Cómo se le seguía “vendiendo” a la gente que allá arriba era todo maravilloso y acá era todo una porquería porque éramos pobres seres humanos? Y bueno, se inventó el sistema tropical, que toma el tránsito del Sol visto desde la Tierra. Ese recorrido aparente se inicia en el punto vernal –el punto donde comienza el otoño para el hemisferio sur–, sigue por el Trópico de Cáncer, el punto opuesto al vernal y el Trópico de Capricornio. Esa vuelta se llama eclíptica, es una convención a partir de la cual trabajamos. A la gente no se la puede obligar a que crea. El que no le quiera prestar atención, que no lo haga.

–Se define como astróloga, tarotista y también bruja.

Sí, porque la bruja es la mujer que tiene todos los dones paranormales desarrollados y más conscientes. La intuición, la telepatía, el don de la anticipación, la mediumnidad… Esos dones, sin embargo, los tenemos todas y pueden desarrollarse. A veces, la gente dice: “Yo soy especial porque a mí me pasan estas cosas”. Y no: les pasan a todos, y es bueno. Tal vez algunas seamos más tratadas de locas que otras, pero la realidad es que hay muchas empresarias que también usan la intuición para sus negocios, y también les duele la panza cuando ven a un señor con mala onda y deciden no hacer negocios con él. Esta cultura reprime lo esotérico, pero tratamos de volver a las fuentes de mujeres intuitivas.

–También se presenta como psicoastróloga.

Sí, porque estudié la parte más psicológica de la astrología. Lo que yo estudié, mi carrera, es Psicoastrología, que no tiene matrícula en la Argentina. Siempre aclaro: “No soy psicóloga; yo te digo todo esto, pero vos andá y trabajalo en tu terapia”. En una consulta conmigo, se pueden trabajar cosas que muchas veces coinciden con lo que el consultante viene tratando con su psicólogo. En la consulta de carta natal no solo voy a decir: “Veo esto y esto”, sino que voy a agregar: “Estas cosas se pueden modificar”.

–En el libro afirma que esta información se puede usar para mejorar, para cambiar algunas cosas a partir de información del vértex, de vidas pasadas…

Cuando uno reconoce lo que fue en vidas pasadas, eso ayuda a identificar ciertas situaciones. El que fue un esclavo tiene que evitar trabajar una cantidad de horas en un lugar, porque no va a tener resistencia y, si pasa seis horas trabajando en un mismo lugar, se va a angustiar. Otro ejemplo: hay gente que no puede hacer algo tan sencillo como ser voluntario en un comedor: los afecta demasiado, aunque conscientemente no sepan por qué. Y habría que ver qué pasó, porque tal vez, en una vida pasada, esa persona vivió en una comunidad donde había mucha muerte por hambre, y eso lo dimensiona desde un lugar terrible.

–Además, en el capítulo de vidas pasadas hay un subtitulo inquietante: “Nodos lunares, la salida del karma”, y se los describe como “una suerte de dos circulitos enlazados en la carta natal que ayudan a encontrar el punto en el que, haciendo lo correcto, pueden salir del karma que generan esas vidas pasadas”. ¿Hay forma, entonces, de trascender el karma?

Siempre que se encuentre ese punto y se haga lo que marca el nodo, sí. El mensaje es claro, pero la gente mucho no lo reconoce. Imaginemos: a alguien vanidoso le puede tocar “desvanidarse”. Qué difícil… Conocí el caso de alguien a quien le tocaba ser amoroso y compasivo, pero nunca entendió lo que era el amor. Y el mensaje era tan simple como aceptar que el otro va a tener defectos, porque la compasión es eso. Es tan fácil… ¡y tan difícil!

–¿Y el vértex?

Es como una puerta del destino, un punto del que no se puede zafar. Si uno ya lo conoce, se lo toma de otra manera. Tiene mucho que ver con los hijos, con las parejas, con la muerte. En mi caso, cae en la fecha de cumpleaños de mi papá. Y la vida me ha ido cruzando con personas que cumplen años ese mismo día, o muy cerca, que fueron claves para mí.

–Tal vez debido a la mayor circulación de información vía Internet, hoy se multiplican los astrólogos y los estudiantes de astrología. Ahora, cuando nos preguntan por nuestro signo zodiacal, no basta con decir el Sol, como antes, sino que la respuesta completa deberá incluir el ascendente y la Luna, como mínimo. ¿Nota una apertura de las personas hacia el hecho de aprender?

Puede ser. Les interesa aprender, entender, investigar más. Lo que pasa es que muchos tratamos de transmitir la astrología de la manera más simple posible, incluso la televisión lo simplifica mucho, entonces hay gente que cree que es una disciplina fácil y se decide a estudiar. Después, cuando empiezan a estudiar, ¡se quieren matar!

–¿Publicar un manual tiene que ver con esto?

Ya habíamos publicado el Curso de tarot y faltaba el de astrología. Tenemos escuelas en todo el país (CABA, Ramos Mejía, Lanús, Bahía Blanca, Tandil, Mar del Plata, Rosario, varias en Córdoba) y la gente me lo venía pidiendo. Si bien ya existen varios manuales publicados, los considero incompletos, porque fueron escritos pensando en un futuro a treinta años. Yo prefiero ir más allá en el tiempo, porque el libro va a quedar. Además, mientras la mayoría de los astrólogos siguen hablando de Plutón como planeta, en este libro propuse un enfoque desde la astronomía y, entre otras cosas, excluí a Plutón de su descripción tradicional y lo clasifiqué como planeta enano, tal y como lo considera la astronomía.

–Tanto en el libro como en sus redes presta mucha atención a los rituales como formas de activar.

Hay mucho para hacer. Bailando, por ejemplo, cambiamos cosas y generamos energía venusina. Me llama una persona y me cuenta: “Ahí hice el bailecito y me llamó, vino como loco”. ¡Con un baile! Incluso las actividades para los días de la semana pueden organizarse según cada energía: no es casual que estemos teniendo esta entrevista un miércoles, ya que es el día de Mercurio, con energía de comunicación. Con mi equipo ya sabemos que los miércoles hay reunión. Igual, a veces nos gusta desafiar las reglas para ver qué pasa cuando no las cumplimos y, así, seguir confirmando la importancia de los rituales.

 –Imposible dejarla ir sin pedirle alguna predicción. ¿Cómo ve el futuro inmediato de la Argentina?

Este es un país muy difícil, es de locos. Lo que habría que hacer en la Argentina es cambiar la carta natal directamente. La carta que la Argentina tiene hoy, del 9 de julio de 1816, tiene el nacimiento con Luna llena y eclipse. De todas maneras, este eclipse que se vivió ahora, en julio, es el mismo que se vivió en 1816: un eclipse total seguido de Luna llena. Esto genera un cambio de mentalidad de la gente, porque la Luna representa el pueblo. La gente tiene que ser consciente de que somos nosotros los que cambiamos las cosas. De hecho, yo ya cambié la carta astral de la Argentina y resulta muy distinta a la actual. Lo cuento detalladamente en Curso de tarot, que aún se encuentra en algunas librerías: descarté el 25 de mayo de 1810 y el 9 de julio de 1816 y, en cambio, fijé un día intermedio, el de la Asamblea del año XIII: el 31 de enero de 1813, que tiene una carta mucho mejor, en Luna nueva, más iluminada, que arroja Acuario con Luna nueva en Acuario (en la Era de Acuario, que ya la estamos vivenciando), con ascendente en Tauro, que tiene más que ver con el campo. Y se acerca al argentino que quizá ven los de afuera, ese argentino que va a todos lados y siempre pone su granito de inventiva: desde la creación de la birome hasta las vacunas, desde el Papa hasta cosas nuevas de las que me entero casi todos los días. El argentino siempre sale a flote, por más que parezca que se va a quedar allá abajo. Para algo le servirá al mundo.

–Nunca termina de hundirse.

Se deberá también a que estamos solos en el globo: desde la Patagonia para abajo, no hay nada más. Somos únicos. Somos como un cono-antena receptora.