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Ludovica Squirru Dari: “El destino está en uno”

Imposible ratearse del Año de la Rata. Menos, de la Rata de Metal que –además– será “heavy metal” para la Argentina, según indica Ludovica Squirru Dari (Buenos Aires, 1956) en su Horóscopo Chino 2020. Se advierte en el prólogo: “La Rata de Metal viene con velocidad de tren bala japonés. Por eso, hasta que comience su reinado, el 25 de enero de 2020, debemos prepararnos como samuráis”. Y no solo para los próximos doce meses, porque lo que llega es un nuevo ciclo de sesenta años con “episodios con efecto dominó que transformarán el rumbo de la historia y la morfología de la Tierra” más “el retorno de los brujos e iluminados”. Astróloga, escritora, pensadora y gurú (hay que ver cómo hace la diferencia en los programas televisivos de la tarde y en las revistas “del corazón”), la obra y el discurso de Ludovica recuerdan la misión milenaria del horóscopo chino: la evolución de la humanidad. Un clásico, desde ahora publicado por Ediciones B (sello de Penguin Random House), el volumen de casi quinientas páginas se concentra en los perfiles de cada signo (con pinturas de Ada Candioti); predicciones preventivas basadas en el oráculo del I Ching o Libro de las Mutaciones, tanto para las personas como para el país, el continente y el planeta. Para evadir energías destructivas, ahí está la tabla del Ki de las nueve estrellas, herramienta numerológica muy usada en los campos de batalla chinos en días del Emperador Amarillo Huáng Di (2697 a 2597a.C.). Siguen predicciones colectivas de la astrología hindú, la diaguita y la occidental; observaciones agudas sobre política y ecología; personajes que van desde la líder ecologista Greta Thunberg (Caballo de Agua) hasta Benjamín Solari Parravicini (el “Nostradamus argentino”, Perro de Tierra) y dos columnas para el asombro: perfiles del horóscopo chino trans (por el psicólogo especializado en temas transgénero, Leandro A. Vega) y lugares para vacacionar según el signo (por el exconductor de “Bosque chocolate”, Esteban Villarreal). Ludovica planeó el libro y lo escribió en su paraíso de Traslasierra, leyendo el I Ching, tomando tecitos… Con todo listo, la atacó una seguidilla de eventos caóticos que empezó con un incendio en su campo. “Salía de gira a Uruguay y veía, con mis ojos, cómo se estaba incendiando todo. Ya lo he vivido tres veces antes, ver un paisaje quemado es lo más desolador que se pueda imaginar”.

–En el libro habla del fuego destructor, particularmente en el Amazonas y en Notre-Dame.

Los cuatro jinetes del Apocalipsis ya están acá: el fuego, el agua, el viento y la tierra. Y esto está en todas las predicciones mundiales. Este planeta se va a purificar a través de inundaciones, glaciaciones, fuego, sismos y diluvios que, sí, están pasando. Lo de la Amazonia es una tragedia, porque todo eso que se quemó no vuelve más y va a afectar a todos nuestros países, porque eso era la contención para la lluvia, para que no vengan más sequías… No, no, no, esto es devastador.

–Como “la última romántica del Apocalipsis”, como le gusta describirse, ¿cuál es su fórmula para lidiar con todo esto?

Vivir en Traslasierra, cultivar la tierra, ver crecer mis rosales, estar con una pareja que amo (Claudio Herdener) y ya estar buscando cómo reforestar el campo. Ser romántica es ver, en la tragedia, la semilla del florecimiento. No cambio el lugar donde vivo por nada, amo a mi gente y estoy súper comprometida para seguir hablando de todo esto, que no son más que incendios intencionales para una posterior usurpación de campos. Se decretó la construcción de una doble autovía interoceánica que unirá Chile con Córdoba y los incendios se están produciendo donde está planeada la obra, justo ahí.

–¿Es posible que de a poco se esté dando un cambio de conciencia de lo individual a lo colectivo y empecemos a preguntarnos para dónde vamos todos juntos, más que preocuparnos por cómo nos irá a cada uno en particular?

Al susto personal se suma lo que se va viendo colectivamente. Creo que en el inconsciente colectivo se está despertando una llamita de empezar a entender que estamos todos en el arca de Noé. Mucho se da por el cambio climático (¡cae granizo en los vidrios de los aviones y los rompen!), aunque también por la miseria humana y económica. Pero una señora que no tiene para darle de comer a sus hijos no está pensando en eso, está pensando en la prebenda, en cómo llega. No digo que nos estemos despertando todos, pero que se despierten algunos como Greta Thunberg y muevan este kundalini, modestamente, en cada lugar de la Tierra, va a ayudar a otros a ser más conscientes.

–¿El año de la Rata va a ayudar?

Sí, y va a ser un año donde el pueblo va a salir más que nunca a manifestarse. Miremos a Ecuador, con la revolución social de los aborígenes que hizo que la sede del gobierno se tuviera que trasladar de Quito a Guayaquil y que se derogara el decreto económico que querían imponer. También hay un efecto dominó en América Latina y en el resto del mundo. La Rata es el signo que socava los cimientos de las cosas, va por abajo, entonces va a mover las estructuras sociales y políticas de una manera inédita. Recemos. Yo ya estoy con mis altares, mis templos, todos los días con mis velas… Porque no va a ser fácil. La Rata va a despertar todo lo que estuvo dormido, sobre todo en los trabajos espirituales, de gente que ha perseverado y debe seguir perseverando y transmitiendo, porque esto no es una moda: es lo que nos toca de por vida y somos responsables del planeta en que vivimos.

–En el libro se habla de los animales como maestros.

Quienes amamos los animales sabemos que, si conectamos con ellos, nos hacen de guía. Mis perros en Córdoba son la razón más alegre para volver a casa. Donde vivo –sacando los dragones– están todos los animales y los observo: caballos, cabras y hasta serpientes que se me cruzan en verano. Miro también muchos documentales sobre animales, me fascina ver su evolución, qué sé yo, de los lobos sale el perro siberiano, esas cosas. El animal está en el planeta hace mucho tiempo con sus mutaciones, con una manera de atravesar la existencia humana silenciosamente que a mí me conmueve. Entonces, digo, el alma humana, según el arquetipo del signo que le toca, también fue transmutando en la vida y en la historia de la civilización, y todas esas transmutaciones genéticas. Y como tengo gran afinidad con el horóscopo chino y con la observación de cada signo en cada persona, entonces cuando veo una persona veo también el animal.

–¿Qué animales se llevan bien con la Rata, astrológicamente hablando?

El Mono, el Dragón y el Búfalo son los que mejor van a pasar este año de la Rata. El Tigre va a salir de cacería, va a buscar nuevos lugares donde protagonizar algún escándalo o tal vez organizar un movimiento social (porque son líderes y mueven multitudes). El Perro no confía mucho en la rata porque tiene olfato, huele situaciones tramposas y no se mete, pero se va a sentir estimulado social y artísticamente, con ganas de participar, y le va a ir bien. Y el Chancho que sobrevivió a su año va a estar fenómeno, porque siempre el año siguiente al propio es mejor.

–¿Recomendaciones especiales?

El Caballo es el que más se tiene que cuidar porque es el opuesto complementario a la Rata: será puesto a prueba cada día, en cada cosa que crea que va a poder hacer, así que la recomendación es que vaya al paso, que no se arriesgue a grandes hazañas, y por ahí puede tener un buen año. Y la Rata, al estar en su año, también se tiene que cuidar, porque sabemos que es el momento en que les toca pagar el peaje kármico. Si la Rata hace los deberes antes del 25 de enero, si deja limpio su karma, seguramente tenga un año espectacular. Si no, va a pagar su karma en su año. Con “los deberes” quiero decir: arreglar peleas, pagar deudas, concluir lo pendiente, ser buena persona y cuidar la salud, algo que la gente no suele hacer: van al médico ya con la vesícula en la mano a operarse, no hay una cultura preventiva en nuestra civilización. Como decía Confucio, hay que ir al médico cuando uno está sano, no enfermo.

–¿Y el resto del zoológico?

El Gato/Conejo/Liebre será provocado por la Rata y van a estar como Tom y Jerry, se sentirá inquieto, incómodo, algunas cosas le saldrán bien y otras mal. La Serpiente, dada su costumbre de tragarse un ratón y hacer la digestión durante seis meses, será puesta a prueba con temas legales, jurídicos, familiares, molestos. La Cabra va a estar un poco exigida, se va a sentir acosada, porque la Rata es un animal que te come el seso, te taladra, y la cabra necesita más paz, pero su parte creativa puede desarrollarse y encontrar posibilidades fabulosas. El Gallo estará un poco irritable, desconcertado, se va a sentir juzgado, la gente le va a pedir más de lo habitual y puede haber alguna separación.

–Usted insiste en la astrología preventiva y el libro suele ofrecer unos renglones para que el lector escriba la propia lectura del I Ching.

Esa página es mi preferida. Ahí es cuando la gente tiene que tirarse el I Ching, escribir… Si uno se reformula lo que quiere, va a salir. Se trata de enfocar las prioridades: en el año de la Rata yo quiero mudarme, casarme, viajar. Uno se enfoca energéticamente y le va a salir. Por ahí no todo, pero los astros ayudan, el I Ching ayuda, pero el destino está en uno. ¿Querés dar un cambio de timón en tu vida? Proponételo. La gente está esperando siempre que alguien les diga todo y que los deseos se cumplen de golpe, mágicamente. Pero no, ¡uno se tiene que preparar para los cambios, también!