Pete Hamill
| 3 cuotas de $17.000,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $51.000,00 |
| 1 cuota de $51.000,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $51.000,00 |
| 2 cuotas de $25.500,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $51.000,00 |
| 4 cuotas de $12.750,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $51.000,00 |
| 3 cuotas de $17.000,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $51.000,00 |
| 1 cuota de $51.000,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $51.000,00 |
| 1 cuota de $51.000,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $51.000,00 |
| 2 cuotas de $30.176,70 | Total $60.353,40 | |
| 3 cuotas de $20.619,30 | Total $61.857,90 |
| 3 cuotas de $21.731,10 | Total $65.193,30 |
| 3 cuotas de $21.957,20 | Total $65.871,60 |
| 1 cuota de $51.000,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $51.000,00 |
| 1 cuota de $51.000,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $51.000,00 |
Sinópsis
Bob Woodward dibuja en este libro un meticuloso, conmovedor y en ocasiones despiadado retrato de una época y de un individuo que vivió demasiado y lo perdió todo a manos de su insaciable antojo. John Belushi murió a los treinta y tres años ejecutado por su volcánica exuberancia (y por una exuberante dosis de speedball ) en un lujoso hotel de Sunset Boulevard. Esa muerte es el arranque de una indagación que conducirá a Bob Woodward, cobestia negra de Richard Nixon, hasta las aromáticas vísceras del show business norteamericano donde convergen la televisión, el rock ¿n¿ roll y el séptimo arte ¿¿. Para relatar la portentosa vida del humorista y plasmar la estridente fanfarria que rodeó su ascensión y su tragedia, el infatigable reportero tuvo que manejar un heterogéneo aluvión de materiales (diarios, cartas, inventarios, facturas, diagnósticos, etc.) y, sobre todo, entrevistar extensamente a una caterva formada por 217 celebridades, fantasmas y medianías: la viuda del difunto, compañeros de armas y fatigas como Dan Aykroyd , actores y directores como Chevy Chase, Robin Williams, Carrie Fisher Steven Spielberg o Jack Nicholson, prohombres de la industria cinematográfica, policías, matones, traficantes, músicos, vividores y otros interesantes especímenes del submundo adherido a las candilejas. Todos sabían que el bólido se dirigía al abismo, pero sus amigos fueron incapaces de detenerlo y sus satélites siguieron proporcionándole el combustible que lo mantenía en marcha (una marcha, por cierto, tan ruidosa como rentable): la «gran vida» de Nueva York o Hollywood tenía esos feroces inconvenientes.
