Cristian Sucksdorf
| 3 cuotas de $7.966,67 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $23.900,00 |
| 1 cuota de $23.900,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $23.900,00 |
| 2 cuotas de $11.950,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $23.900,00 |
| 4 cuotas de $5.975,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $23.900,00 |
| 3 cuotas de $7.966,66 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $23.900,00 |
| 5 cuotas de $4.780,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $23.900,00 |
| 6 cuotas de $3.983,33 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $23.900,00 |
| 1 cuota de $23.900,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $23.900,00 |
| 1 cuota de $23.900,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $23.900,00 |
| 2 cuotas de $14.141,63 | Total $28.283,26 | |
| 3 cuotas de $9.662,77 | Total $28.988,31 |
| 3 cuotas de $10.183,79 | Total $30.551,37 |
| 3 cuotas de $10.289,74 | Total $30.869,24 |
| 1 cuota de $23.900,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $23.900,00 |
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Sinópsis
¿Qué es el Hombre? En esta obstinada pregunta Kant veía condensarse las tres cuestiones fundamentales de la filosofía: ¿Qué puedo saber? ¿Qué debo hacer? ¿Qué me es permitido esperar? La metafísica, la moral y la religión, que respectivamente respondían a cada una de estas cuestiones, dibujarían en su confluencia una antropología: cada una de ellas sería al mismo tiempo una respuesta (aunque parcial) a la pregunta por el ser del Hombre. Y se soñó entonces que con esta antropología se había edificado su morada definitiva. Pero, implacables, los trabajos y los días no olvidaron roerla, y hoy esta antropología que preguntaba por el ser del Hombre se nos antoja, absurda y grandiosa, como esas ruinas antiguas que la imaginación sólo condesciende animar habitadas por dioses o por bestias. Ya no nos reconocemos en el Hombre (ese claro objeto de estudio de las humanidades, a cuyos atributos debía adaptarse nuestra oscura vida individual), y nos parece más una figura evadida de obsoletos bestiarios que la interpelación más urgente de nuestra realidad. El siglo XX fue el encargado de tal liquidación. Pero este justo despertar que abolía al Hombre como vórtice de todo saber sobre nuestra vida, fue la clausura también de ese íntimo ámbito del sentido que es el sujeto, vale decir, de esa premisa oculta e incontestable de que cada uno de nosotros es, en cada caso, el lugar donde necesariamente se anuda todo sentido para existir. Pues al identificarse al sujeto con los centros metafísicos de la interioridad, el yo, el alma o la persona, la liquidación de estas abstracciones evaporó con ella toda idea de sujeto. Oscuros efectos de estructura o esencialismos de diversa estirpe ocuparían su lugar. Como si por ejemplo la ciencia (léase: los científicos) hablase desde afuera de ese entrevero de los muchos cuerpos que es el mundo (por lo demás, tal había sido la más secreta y enloquecida añoranza de un Althusser), o como si alguna esencia -desde el Habla o el Lenguaje ha sta las Relaciones de Producción- pudiese existir por sí misma, y elevarse entonces como el barón de Münchhausen tirando de sus propios cabellos. Se destronaba así un esencialismo (el Hombre) para encumbrar otros. Y aquello que hacía de esa abstracción del Hombre algo que obturaba la cabal pregunta sobre nosotros mismos quedó intacto. Contribuir a formular preguntas que nos interpelen como el lugar donde el sentido se anuda es, finalmente, la motivación de este libro. Pues con esto no se trata de mera teoría, sino de una condición para la eficacia de toda acción colectiva. Pero para ello hay tres cuestiones ineludibles a las que debemos atender: en primer lugar preguntarnos cómo llegamos a ser ese lugar del sentido, es decir, de qué modo se da la vivencia de devenir sujetos, o en otros términos, cuáles son los dispositivos en que se enmarca dicha vivencia. En segundo lugar debemos preguntarnos cuáles son las posibilidades y los límites para referirnos a esas vivencias, cuál es la relación entre la vivencia y la representación, y por lo tanto, la relación entre nosotros mismos y el sentido que encarnamos. En tercer lugar debemos interrogarnos sobre cuáles son los límites de esa representación, cuáles los bordes de silencio que rodean todo decir, pero más aún, qué puede la representación cuando lo que impera es el desnudo terror. En función de estas cuestiones cardinales, entonces, se estructura este libro: la primera parte tratará de lo vivido y sus dispositivos de subjetivación (los textos de Reimut Reiche y de León Rozitchner); de lo representable en el sujeto, la segunda parte (los textos de Esther Díaz y de Cristián Sucksdorf); y finalmente, la tercera, de lo irrepresentable (el texto de Juan Carlos Volnovich).
