Henri Meschonnic

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Descripción
Formato: LIBROS
Editorial: Marmol Izquierdo
Encuadernación: Tapa Blanda
Idioma: Español
ISBN: 9788412837681
Páginas: 420
Dimensiones: 23 x 15 cm
Fecha Publicación: 11/2025

Sinópsis
Hay al menos una cosa que nunca se le podrá reprochar a Henri Meschonnic, y es que desde hace mucho tiempo ha tomado las armas en defensa de la poesía sin desanimarse ni un segundo. ¿Qué guerra libra Henri Meschonnic con tanta constancia? ¿Contra quién? Contra un único adversario: el signo. El signo, símbolo por sí solo de una concepción platónica del lenguaje que ha perdurado hasta Saussure y que sitúa al significado en una posición privilegiada en detrimento de un significante condenado a una existencia «de gueto». Esta visión de las cosas, según él, falsea la percepción que se tiene de la experiencia poética a partir de oposiciones artificiales que esta recopilación de textos, todos ellos marcados por la polémica, querría disipar. Empezando por ese simplismo (del que derivan todos los demás) que opone el punto de vista de la forma (rima, retórica, estilística) al de la «vida». Henri Meschonnic consigue romper el engranaje de tal malentendido con páginas extremadamente convincentes tanto sobre Maurice Scève como sobre la obra de Marina Tsvetaieva. Muestra claramente cómo el problema de la rima es independiente de los registros formales en los que se ha podido expresar, pero que hay que entenderlo en relación con la experiencia del lenguaje ordinario del que la poesía es fruto o, por retomar una expresión más cercana al autor, su «lugar de paso». «Comprender la rima supone dejar de oponer la poesía al lenguaje ordinario». No se trata aquí de un elogio de una poética de la «calle» frente a las abstracciones del lenguaje. Se trata incluso casi de lo contrario: la «vida», en el sentido en que hablaba de ella Tsvetaieva, es lo que se escapa por naturaleza, siempre pasa de largo, ignora las «esencias» en las que se querría mantenerla: aquí estamos muy lejos de la ilusión vitalista y de su fascinante fantasmagoría. El gran mérito de Meschonnic es contribuir aquí a un desplazamiento capital de las acepciones corrientes: su corpus abarca desde los surrealistas ha sta Claudel, pasando por Blok o Hopkins: todos ellos tienen en común haber devuelto al lenguaje poético el espacio de una rítmica irreductible a las ideas que nos hacíamos de él. Desde este punto de vista, Claudel es tan moderno como aquellos a quienes se le suele oponer. Pero ¿no es precisamente el destino de la palabra poética deshacer la lógica de lo posible? Michel Crépu, Le principe d¿écoute